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domingo, 24 de abril de 2011

Arroz meloso a la cerveza con hongos y confit de pato (Yo maté a Donald III)

Arroz meloso a la cerveza con hongos y confit de pato (Yo maté a Donald III)

El juego de texturas fue la estrella, pero los aromas no se quedaron atrás


Receta de Arroz meloso a la cerveza con hongos y confit de pato

Montaje con patata y ajo confitados y crujiente de queso peccorino


Ingredientes (2 personas)

150 gr de arroz
Una lata de cerveza (33 cl)
Media cebolla
Medio pimiento verde
50 gr de hongos deshidratados (Boletus edulis)
Un confit de pato limpio de grasa y sin piel
25 gr de queso romano pecorino
Aceite de Oliva Virgen Extra
Una cucharada de pimentón de La Vera
Sal

Los boletus impregnaron de sabor terroso el conjunto


Elaboración

En primer lugar rehidrataremos los boletus en agua tibia para tenerlos disponibles en su momento. En una sartén con una cucharada de aceite pocharemos la cebolla y el pimiento cortados de manera muy fina. Una vez en su punto añadiremos los hongos cortados en pequeñas tiras y por último el arroz para que se empape del sabor de la verdura.

En Valencia dicen que el secreto
para el arroz está en el agua.
No lo compartimos


El truco para que la textura quede bien melosa es ir añadiendo la cerveza poco a poco a la vez que removemos en arroz para que extraiga todo su almidón, que será el elemento que ligue el conjunto. Con el primer líquido añadiremos el pimentón para que no se queme y amargue el plato.

Confit desmigado para que se integre

Cinco horas confitando


Cuando ya casi esté el arroz añadiremos el confit, sin piel ni grasa, desmigado con los dedos en pequeños trozos. Nosotros decidimos acompañar el plato con unas patatas gallegas y unos dientes de ajos confitados en aceite de oliva a 60 grados durante cinco horas. Es pesado, pero si se tiene tiempo, el placer al morderlas hace que valga la pena. Por último un crujiente de pecorino con una tempura de harina y vino rosado bien frío acompañará y embellecerá el plato.

Son caprichos...


Nota de cata:

Sin que sirva de precedente, pues es conocida nuestra búsqueda de la calidad-precio en el maridaje (encontrar calidad cara no tiene mucho mérito), nos dimos un homenaje no sé si del todo merecido. E asunto lleva por nombre Hofstätter Joseph gewürztraminer 2010 de la bodega J. Hofstätter de la Denominazione di Origine Controllata Südtirol Alto Adige, que pese a las reminiscencias germanas es un vino blanco italiano de obligada cata para todo buen amante de esta variedad. Un capricho de vez en cuando no debe ser pecado, vamos, digo yo…


Mapa de la zona militar

Yo maté a Donald III (donde se desarrolla la jornada de trabajo)

Una formación profesional y un camino hacia el futuro a cambio de unos meses de trabajo supuestamente voluntario para el ejército cubano no era una oportunidad que pudiese dejar escapar. En las cocinas de los campamentos militares aprendió a llevar a la práctica todo lo aprendido en las aulas-taller. Durante los tres meses de verano, los estudiantes becados eran requeridos para trabajar en toda clase de instituciones, escuelas, residencias y campamentos de toda la isla. A Abdulá le había caído en gracia la base militar cubana de Guantánamo. Al recibir la noticia, un escalofrío le recorrió el cuerpo y le surgieron unos temores que pronto vería infundados. La situación en aquella base era de lo más tranquila. Los norteamericanos hacían y deshacían de su lado, ignorando completamente a los militares cubanos, que se conformaban con examinar desde una colina lo que acontecía en el otro lado de la verja y anotar todo movimiento en un registro. Incluso, de vez en cuando, surgía algún roce entre ambos ejércitos de tintes graciosos que ayudaban a quitarle tensión al asunto. Uno de ellos, conocido e ignorado por los mandos, era el semanal intercambio que se producía todos los domingos por la noche cerca de las alambradas, donde los cubanos canjeaban botellas de ron de alambique casero y frutas frescas por toda suerte de iconos capitalistas muy valorados en la isla, como revistas deportivas ya pasadas, camisetas de basket y pelota, etc…


Las caras ya no eran alegres,
y la disciplina se incrementó

Grafiti habanero

Pero cuando llegó el verano del último curso todo cambió. Llegó a la base como acude un niño a un campamento de verano. Esperaba volver a ver a sus colegas estivales alegres y bromistas como siempre, observando a un grupo de yanquis simplones y bonachones. Pero nada más lejos de la realidad. Desde que cruzó el portón de la base el ambiente le resultó enrarecido. Los soldados habían olvidado su relajada disciplina. Les veía corriendo armas en mano de un lado a otro dispuestos en ordenados batallones. Ya no sonaba la alegre música .caribeña por los altavoces, sino que el silencio y las largas marchas militares se repetían. En la cocina el ambiente pronto se contagió, y las jornadas de trabajo se sucedían con enorme monotonía y dureza. Pronto supo lo que había generado ese cambio y comprendió la situación. El gabinete del presidente Bush había seleccionado la base en el territorio cubano como prisión para los sospechosos de terrorismo internacional. Como la situación territorial era ambigua, aquel pedazo de tierra no era considerado territorio estadounidense, por lo tanto no regían allí las normas del derecho internacional a las que los EEUU estaban suscritos. Los Derechos Humanos convenidos por la ONU no eran de aplicación en aquel campamento, así pues la tortura podía llevarse a cabo sin ningún tipo de disimulo. El espíritu de Abdulá se fue endureciendo conforme avanzaba el verano. Adquirió la rutina de subir a la colina desde donde se divisaba todo el territorio enemigo armado con unos prismáticos cada atardecer después del turno de mediodía. Se familiarizó con la práctica que allí se establecía con los prisioneros. Unas jaulas similares a las del zoológico del Parque Lenin habanero se disponían en medio de lo que antes era la explanada donde los soldados hacían sus ejercicios. Allí, en pequeños habitáculos se encontraban hacinados los reos. Era fácil distinguirlos por sus monos naranjas. Grupos de soldados armados sacaban de vez en cuando a alguno de ellos para llevarlos a las dependencias, de donde los volvían a sacar, muchas veces arrastrándolos por el suelo. El cocinero dedujo que las piernas ya no eran capaces de sostenerles. El movimiento de reos era incesante, pues los interrogatorios se llevaban a cabo día y noche. El mundo que aprendió a amar bajo el infinito cielo del desierto y el alegre sol caribeño se afeaba cada tarde desde aquella colina.

Desde la colina Abdulá observaba a los desdichados

Imágenes que no deberían repetirse jamás


De aquellos escarceos juveniles a Donald sólo le llegaban imágenes acompañadas de sentimiento de culpa y pecado que se apresuraba a borrar de su mente. El resto de su vida sexual se podía resumir brevemente. Un matrimonio de conveniencia con la hija de otra familia de larga estirpe militar. Contentó a todos y, lejos de resultar un artificio, permitió a la pareja llevar una vida relativamente independiente exceptuando los eventos de compromiso a los que asistían desde hacía décadas. Las relaciones sexuales se sucedieron como simple elemento de procreación. Tres hijos varones, fruto de ellas, educados en la distancia de distintas escuelas e internados de prestigio, no interrumpieron la carrera del político. Para el resto de las ocasiones, una agencia de contactos seria y de confianza, le suministraba chicas con las que aliviar la necesidad. Solía cogerles cariño, incluso repetía con alguna de ellas varias veces, hasta que el miedo a una dependencia sentimental le hacía cambiar el género.

Jardines del Hotel Dolce de Sitges


Mantuvo durante la jornada varias reuniones algo protocolarias. Encuentros con líderes y magnates a los que hacía tiempo que no veía. Pero la reunión especial se estableció para la noche, después de la cena. Diez miembros del grupo, esta vez sí que eran los personajes más influyentes del mundo, habían acordado reunirse en una de las suites del hotel habilitada para la ocasión. Hasta entonces el exconsejero decidió subir a relajarse a la habitación donde tras refrescarse y descansar, ordenaría las ideas que pensaba exponer en la reunión nocturna.


El autor y su obra

Salió de la ducha con el lujoso albornoz blanco con ribetes dorados del hotel y se acercó a la ventana. Desde allí se entretuvo espiando la actividad que se llevaba a cabo en el jardín. Un grupo de invitados alargaba la sobremesa sentados bajo unos toldos junto a la piscina. Le llegaban las risas provocadas por los cóckteles que desbordaban sus vasos. Sonrió al comprobar que ninguno de los selectos invitados nocturnos estaba entre ellos. Aquellos eran los segundones y personajes locales sin influencia real sobre las decisiones que se iban a tomar en aquel pueblecito del mediterráneo español. Dos empleados se esmeraban en la limpieza continua de una piscina. Tarea inútil a todas luces, pues el tiempo no acompañaba y la brisa fresca que llegaba del mar no hacía apetecible el baño. Además de los camareros que iban y venían de la barra exterior del bar al grupo de borrachos para abastecer sus gaznates. Un par de jardineros repasaba con grandes tijeras podadoras todos los setos que rodeaban el recinto, bajo la atenta mirada de la seguridad que poblaba todas las instalaciones.

La única imagen que desentonaba en el conjunto provenía del pequeño huerto situado bajo las ventanas de la parte de atrás de las cocinas. Allí, un joven empleado custodiado por dos agentes recorría los parterres con cientos de pequeñas plantas dispuestos a la manera de un pequeño huerto. Acertó a distinguir pequeñas tomateras y unos arbolitos con diminutos frutos semejantes a naranjas. Sin duda estaba seleccionando alimentos para la cena. Bajar a cotillear con el empleado no sólo sería un gesto destacable que dejaría una imagen humana de todo un Consejero de Defensa estadounidense, sino sobre todo saciaría su curiosidad por la botánica local, a la que se aficionó nada más terminar sus estudios. Estaba decidido. Eligió el único traje sport que colgaba del armario y se dispuso a ir al encuentro de aquel empleado de las cocinas.

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El mundo se afea con el paso del tiempo, pero personajes como este que traemos hoy, nos hacen reconciliarnos con él por unos momentos.
Señoras y señores Mr. Salif Keita


A tu salud, gigante albino

miércoles, 2 de marzo de 2011

Receta de calçots con salsa romesco (La Jungla de Wilfredo Lam)

Receta de calçots asados a la brasa con salsa romesco

Todo preparado para la fiesta


Ingredientes:

60 Calçots recién recojidos

Para la salsa romesco:

4 Tomates pequeños maduros
1 Cabeza de ajos
1 Diente de ajo
4 Ñoras desecadas
1 cucharada Pimentón
2 rebanadas Pan frito
1 docena Almendras tostadas
1 docena Avellanas tostadas
Aceite de oliva virgen extra
Vinagre
Sal

Asándose con mimo

Ingredientes de primera



Elaboración:

Para el asado de los calçots vamos a dejar para otro momento la técnica más tradicional y ortodoxa de los alambres y optaremos por disponerlos en parrillas sobre unas brasas muy vivas. Las capas más duras de las cebollas pronto se comenzarán a chamuscar y actuarán como un aislante que permiten que el corazón del calçot pueda cocerse en sus propios jugos, quedando blandito y jugoso.

Así aparecieron los regalos sobre las tejas

Así dejamos el campo arrasado


Previamente habremos elaborado la salsa que debería consumirse a temperatura ambiente. Sobre una bandeja de horno dispondremos los tomates, en los que habremos hecho unas incisiones en la piel en forma de cruz, para que no revienten y poder pelarlos bien una vez asados, y la cabeza de ajos. Los rociaremos con un poco de aceite y los introducimos en el horno durante 15 minutos a 180 grados. Cuando estén, como dicen en Cataluña, bien escalibados, quitaremos la piel a los tomates y a los ajos, que saldrán en forma casi de pasta con sólo apretarlos. Reservaremos.

Mientras tanto, habremos tenido las ñoras rehidratándose en un recipiente con agua caliente. Las abriremos y les quitaremos los rabos y casi todas las pepitas, dejaremos alguna porque será agradable encontrarlas más tarde en la salsa. Con una cucharilla, rasparemos la carne de las ñoras que se encuentra pegada a la parte interior de la piel. La iremos acumulando y la reservaremos.

En un mortero majaremos los frutos secos hasta dejar una textura de grano pequeño. Es importante no pasarse y convertirlos en una pasta o una harina, ya que la idea es que se noten en la boca. Por eso no los introducimos en la batidora como el resto de ingredientes, sino que se los añadiremos después.

En un vaso batidor iremos introduciendo los tomates y la cabeza de ajos ya atemperados; las rebanadas de pan bien doradas que habremos frito en una sartén en abundante aceite de oliva bien caliente (la trampa que se ha hecho en esta ocasión para aligerar de grasa esta receta ha sido utilizar picos en vez de pan frito, es una opción más y el efecto final es parecido); la carne de las ñoras, la cucharada de pimentón, y un diente de ajo crudo con su piel, para darle aspecto más rústico. Batiremos el conjunto hasta que los elementos estén triturados y bien integrados. Finalmente corregiremos de sal.

Añadiremos los frutos secos majados, un chorrito de vinagre y mientras removemos la mezcla iremos añadiendo el aceite de oliva en forma de hilillo. Lo prefiero hacer así que en la batidora para que se integre sin emulsionar. De este modo, es cierto que, el aceite se irá disociando cuando se deje reposar, pero con volver a darle unas vueltas a la salsa se integra de nuevo.



Creciendo con sabiduría

Justificación de la receta:

La receta escogida lo es principalmente por tres motivos. En primer lugar por venir a cuento del análisis de la obra de un artista mestizo. Comer calçots no es algo que a estas alturas pueda definirse como catalán, pues como toda creación que merezca la pena termina por saltar fronteras e instalarse en ámbitos ajenos a su origen. Hoy podemos disfrutar de unos buenos calçots en Madrid o incluso en nuestra Zaragoza y en la misma jornada rematar la faena con unas migas o unos buenos callos. Mestizaje en las mesas y barras que debería imitarse con mayor frecuencia en otras facetas de la vida, pues sin duda se trata de un reflejo de riqueza cultural. En segundo lugar, la elegimos por su carácter local. La necesidad de disponer de la materia prima fresca, recién recogida del huerto, fomenta el consumo de productos que no supongan un aumento del coste energético y garantice unos niveles de calidad aceptables. Evitando transportes innecesarios, almacenajes artificiales que consumen una cantidad enorme de energía y deterioran la calidad del producto hasta acostumbrarnos a la mediocridad, patadas a la biodiversidad de muchas zonas del mundo que terminan dedicando sus tierras al aburrido monocultivo que les aleja cada vez más de la idea de desarrollo regional verdaderamente sostenible. Por último queremos destacar en la receta elegida la cualidad de resaltar la idea de comunidad. No podemos imaginar a nadie comiendo solo en su casa, frente al televisor una buena teja de calçots. Nos da la risa imaginar a alguien sobre un cómodo sofá untando cada cebolleta en un recipiente rebosante de romesco. La idea de este manjar es la de compartir. Comer en grupo, uniendo lazos comunitarios en cada inmersión en la salsa. Disfrutar compartiendo espacios y conversaciones a la espera de un nuevo envoltorio con los frutos recién asados. Pringarse las manos de carbonilla y ceniza al aire libre, o si no fuese posible en los grandes comedores de mesas corridas que los restaurantes especializados presentan para la fiesta. Porque de eso se trata, de una fiesta de las gentes, y como tal las disfrutamos los iniciados. Varias veces al año acudimos a alguna de las innumerables convocatorias de pueblos y establecimientos para festejar que todavía estamos aquí. Elegida la receta, pasamos al artista invitado hoy.


En Zaragoza también hay rincones calçoteros
Restaurante La Teja

Pero todos tenemos nuestra referencia catalana

Can Borrell, abarrotada

Wilfredo Lam:

Contábamos en un post anterior las impresiones que los idasdecocina nos llevamos al encontrarnos casualmente con la obra del pintor Wilfredo Lam entre nuestras correrías habaneras. Cierto es que el nivel de ron en sangre provocado por una selecta ruta de mojitos pudo alterar nuestro estado de conciencia, pero el encuentro sólo tiene un calificativo: brutal. Brutalismo por las formas, por los colores, contrastes tan pronunciados como las estilizaciones de las figuras humanas, deformadas hasta límites inverosímiles. Y todo armonizado con un sentido rítmico que recuerda el origen tribal africano de la cultura musical caribeña. Series de figuras, juegos de repeticiones de motivos abstractos combinados con alargadas cañas de azúcar que nos recuerda que el paraíso no sólo es un lugar en la imaginación humana, se suceden sin límites. Excesos en todos los sentidos: naturalezas, maternidades, cromatismos, ríos de recursos y motivos que exceden y agotan los límites de la propia fantasía y el sueño. Todo de la mano mestiza de un autor de ancestros chinos, africanos e indígenas americanos que se educó y asimiló todo el bagaje cultural europeo de la primera mitad del siglo XX.

El artista ante su obra


La intención de estas líneas de hoy es reflejar la biografía personal del autor, para que podamos apreciar la importancia y productividad de una educación multicultural. Después haremos referencia a su obra más significativa, La Jungla donde podremos ejemplificar todo lo examinado anteriormente.  Como colofón trataremos de extraer una enseñanza para afrontar a través del modelo creativo que nos propone el artista.

Biografía del artista

Wilfredo Lam nació en el pequeño pueblo cubano de Sagua la Grande. Hijo de Lam Yam, un escribiente chino afincado en la isla y de Ana Serafina Castilla, mulata por cuyas venas corría también sangre indígena. Además del padre (que cuando nace Wilfredo tiene ochenta y cuatro años), un personaje ejercerá una poderosa influencia en la infancia del pintor. Nada menos que su madrina, Mantonica Wilson, una sacerdotisa de la santería. El joven es enviado a La Habana a estudiar Derecho y, al mismo tiempo, desarrollará sus inclinaciones artísticas en la Academia de San Alejandro. Poco apasionado por las leyes, Lam se centra en la pintura y, aunque soporta con cierta resignación el rancio academicismo dominante, prefiere dibujar la frondosa vegetación del jardín botánico a los motivos clásicos que sus maestros le imponen.


Sus calles natales

El limitado horizonte cultural de la capital cubana en aquellos años pronto despierta en Lam el deseo de viajar a Europa, y en 1923 se embarca hacia España gracias a una beca concedida por el Ayuntamiento de Sagua la Grande. En Madrid entra en el taller de Álvarez de Sotomayor, pintor academicista que dirigía el Museo del Prado. Al mismo tiempo, asiste a la Academia Libre del pasaje de la Alhambra, centro de reunión de pintores jóvenes e inquietos, y, sobre todo, visita el Prado, donde sus preferencias se inclinan por la obra de pintores como El Hosco, Brueghel o Goya. Poco a poco, su pintura va asumiendo un lenguaje moderno que combina una estructura geometrizante con cierta vena surrealista. En 1929 se casa con su primera mujer, Eva Píriz, y al año siguiente nace su hijo Wilfredo; ambos morirán en 1931 a causa de la tuberculosis.

Su compromiso político le lleva a defender la causa republicana tras el estallido de la Guerra Civil, llegando a trabajar en una fábrica de armamento. Sin embargo, una enfermedad intestinal le obliga a dejar esta actividad y ha de ser internado en el sanatorio de la localidad de Caldes de Montbui donde conoce al escultor Manolo Hugué, quien, le da una carta de presentación para Picasso en París. Lam, que había tenido ocasión de asistir a la exposición del malagueño que se celebró en Madrid en 1936, definió esta experiencia como "una conmoción". Su relación personal con el pintor cubista será muy intensa: desde que, en 1938, ambos se conocen en París, recién instalado Lam en la ciudad, la sintonía afectiva se ve reforzada por el mutuo respeto ante sus trabajos. Entre los amigos que Picasso presentó a su "primo cubano" se encontraba Pierre Loeb, un marchante que le brinda la posibilidad de exponer su obra en julio de 1939. De nuevo la guerra irrumpe bruscamente en la vida de Lam. Su mesticismo y su condición de luchador antifascista le hacen temer por su integridad y, ante la inminente entrada de las tropas alemanas en París, se dirige hacia el sur. Se instala en Marsella, ciudad en la que se encuentra una nutrida representación de la vanguardia artística francesa esperando para partir a destinos diversos. Allí se estrecha su relación con el círculo de los surrealistas, especialmente con André Breton, quien, fascinado por la obra pictórica del cubano, le pide que ilustre su poema Fata Morgana.

Lam se embarcará, en compañía de otros trescientos intelectuales y artistas, con destino a La Martinica. Después de un pintoresco viaje y de permanecer internado durante cuarenta días en un campo de concentración de la isla caribeña, arriba a Cuba en 1941; el viaje había durado siete meses. El reencuentro con su país es muy amargo: al sentimiento de desarraigo que le provocan los años de ausencia se une la indignación por las lamentables condiciones sociales, especialmente la de sus hermanos de raza. Este sentimiento le lleva a iniciar una actividad artística basada en las raíces de su pueblo que debía recuperar su dignidad. De esta forma, los referentes autóctonos se funden con el lenguaje formal aprendido en Europa para producir obras tan importantes como La jungla (1942-1943), donde aparecen ya los personajes del panteón yoruba que poblarán gran parte de su producción posterior.

En la segunda mitad de la década de los cuarenta, Lam alterna su residencia entre Cuba, Nueva York y París, ciudad esta última en la que se instala en 1952. El alejamiento de su país no le impide implicarse en los acontecimientos políticos que allí se suceden: apoya los movimientos de oposición al régimen de Batista y recibe con entusiasmo la caída del dictador y el triunfo de la revolución en 1959. Lam, que en ningún momento deja de pintar, goza ya de un reconocimiento internacional. Desde 1964 pasa largas temporadas en Albisola Mare; en este pueblecito italiano, cercano a Génova, el artista danés Asger Jorn, creador del grupo COBRA, le inicia en la cerámica. Sin embargo, Lam no perdió el contacto con París, donde fallece en 1982, año en el que se muestra una importante retrospectiva de su obra.

La obra maestra


La Jungla:
Técnica: Aguada sobre papel sobre lienzo, 239,4x229,9 cm
Nueva Cork, The Museum of Modern Art, Inter.-American Fund. 1

Esta obra de madurez de Wilfredo Lam, elaborada en 1943, refleja tanto el arraigo del pintor en la cultura de su reencontrada Cuba como las convergencias y diferencias estilísticas con la vanguardia europea. Por decirlo de otro modo, la obra resume la síntesis de los movimientos artísticos europeos del momento con el redescubrimiento de sus impresiones infantiles ligadas a la naturaleza de todo lo original (origenismo), que acerca la visión de la parte de la realidad oculta a  la consciencia, con la esencia del universo, oculta a la razón.

Ese sentimiento que podemos identificar con el mundo de la magia, reaparece en la vida del artista como recuerdo de niñez, en palabras del autor: “Cuando era pequeño, me asustaba mi gran imaginación. A las afueras de Sagua la Grande, cerca de nuestra casa (…) empezaba la jungla (…) nunca vi espectro alguno, pero los inventé. Cuando de noche salía a pasear, tenía miedo de la luna, del ojo de la sombra. Me sentía ajeno a todo, diferente de los demás. No sé por qué. Soy así desde la infancia”, toda una declaración, en fin, de una sensibilidad innata especial, que era capaz desde la infancia de explorar su interior y bucear por mundos interiores desconocidos.


Detalle de La Jungla

Detalle de La Jungla
La obra, pese a su temática, se diferencia de otras manifestaciones primitivistas de manera radical. Frente al africanismo de postal que se realizaba en la isla como atracción turística, y a la moda europea inspirada en la escultura africana de máscaras polifacéticas, Lam propone un tratamiento que aleja a la obra de un sentido monumental, y la acerca al mundo de la sugerencia, subrayando la multiplicidad de figuras humanas y su omnipresencia entre la densa vegetación, en la que parecen reinar sus incesantes murmullos.

Ritmo y pintura
Simbiosis mágica


La reacción que provoca la primera vez que el espectador se enfrenta a la obra nos la cuenta el pintor refiriéndose a la fase de elaboración de la misma: “Mientras lo pintaba, tenía las puertas y ventanas del taller abiertas. Al pasar, la gente lo veía y gritaba: no miréis dentro, es el diablo. Y tenían razón. Uno de mis amigos ha descubierto en la obra un espíritu parecido a cierta representación medieval del diablo. Sea como sea, el título no hace referencia a las características paisajísticas de Cuba, donde no existe jungla, sino bosque, monte y manigual; en el fondo del cuadro aparece una plantación de caña de azúcar. Mi pintura debería transmitir un estado psíquico.”

En efecto, las figuras animales y vegetales de la obra presentan una materialidad metálica, a través de una luz lúgubre, que los identifica como seres fruto de la imaginación. Representan una fantasía cercana, como todo el ámbito surrealista a la idea de sexualidad y violencia. La estilización de todas las formas aleja el estilo de Lam del ilusionismo canónico surrealista, y pese a todos los elementos figurativos y gracias al aporte rítmico que le otorga la repetición de formas abstractas, parece anticipar de manera tajante las futuras bases del expresionismo abstracto.

Las palabras del pintor nos confirman el alejamiento de una estética evocadora y exótica y las intenciones de denuncia y voluntad transformadora que tiene el autor al enfrentarse a su obra: “Creo que desde mi infancia había algo en mí que me estaba llevando a este cuadro. El Aduanero Rousseau, usted sabe, pintó la jungla en El sueño, El león hambriento, Los simios, con flores y serpientes enormes. Fue un magnífico pintor, pero no la misma clase de pintor que soy yo. El no condena lo que sucede en la jungla. Yo así. Mire mis monstruos y los gestos que hacen. El de la derecha ofreciendo su trasero, tan obsceno como una puta. Mire, también, las tijeras en el ángulo superior derecho. Mi idea fue representar el espíritu de los negros en la situación en la que se representaban entonces. Yo he usado la poesía para mostrar la realidad de aceptación y protesta.”

Detalle de La Jungla

Creación de un modelo creativo particular:

El artista vivió en su niñez una vida inmersa en el mundo rural profundo de un país pobre. Sus influencias fueron de lo más variada: ancestros chinos por parte de padre y mestizaje africano e indígena por parte de madre. Influencia enorme de una tía santera (chamán), que vió en su sobrino a su sucesor en ese mundo mágico. Los avatares de la vida le llevaron a la capital, donde vivió los años veinte locos habaneros. La cultura bullía junto a la injusticia social y entonces se inició su vena artística. El siguiente paso fue su paso a España (becado por el pobre ayuntamiento de su pueblo) donde vivió la crisis del sistema y el nacimiento de la República, a la que ayudó a resistir fusil en mano cuando llegó el momento. Tras la caída de ésta, paso a Francia donde contacto con el mundo de las vanguardias. Por recomendaciones accede a Picasso que lo adopta como pupilo, y por afinidad estilística accede al mundo de los surrealistas siendo apadrinado por su capo André Bretón. Conocidas son los enfrentamientos y envites entre los miembros de ambas corrientes, pero (interpretación mía) el joven mestizo supo ver que era mucho más lo que unía a ambas corrientes que lo que les separaba: una visión nueva de la realidad, una exploración de nuevas formas de interpretar al ser humano, una lucha contra el caduco orden establecido…Esa fusión de estilos será fundamental en el desarrollo de su peculiar arte posterior, está gestándose en el útero el lenguaje nuevo que le permitirá alcanzar la grandeza años después.

Su relación con el mundo del arte que evolucionaba esos años hacia posiciones políticas de izquierdas y su origen mestizo le hicieron huir de una Europa que se escoraba hacia posiciones conservadoras y puras (fascismo) tras el establecimiento de la Francia de Vichi. Tras un viaje épico llega de regreso a su Cuba natal. Se encuentra en pleno régimen de Batista donde conviven el bullicio, la diversión y la segregación racial y social. En ese caldo de cultivo y con el bagaje europeo inicia su estilo personal con su obra más famosa y que hoy analizamos aquí: La Jungla.
           
Características de su obra:

1.                  Naturalezas salvajes y excesivas
2.                  Figuras humanas distorsionadas por enormes estilizaciones
3.                  Tratamientos cromáticos brutales (fauvistas)
4.                  Temáticas origenistas (mezcla africanismo, antillismo, indigenismo...)
5.                  Sentido rítmico musical frente a figurativo
6.                  Tratamiento expresionista camino de la abstracción
7.                  Común con surrealismo: Objeto de atención, lo oculto, onírico…
8.                  Divergencias con el surrealismo: Lenguaje nuevo expresionista con matices abstractos

Fases creativas:

1. Parte de lo local, de su entorno, de su pasado.
2. Aplica heterodóxamente tratamientos vanguardistas que lo alejan de la visión anecdótica y exótica del primitivismo en voga en su época.
3. Eleva a universal una visión del ser humano. Crea una idea de lo que debería ser el hombre nuevo: un ser crítico y siempre en continua transformación propia y de su entorno.

viernes, 25 de febrero de 2011

Receta de butifarra dulce con manzanas y lágrimas de gintónic (Ramón Freixa, Manu de l´Empordá, Wilfredo Lam y André Bretón)

Receta de butifarra dulce con manzanas y lágrimas de gintónic (Ramón Freixa, Manu de l´Empordá, Wilfredo Lam y André Bretón)

Butifarra dulce con manzana y lágrimas de gintónic


Receta de butifarra dulce con manzanas y lágrimas de gintónic

Manzanas de relleno ampurdanesas
Nos dió pudor rellenarlas, era demasiado


Tradición y vanguardia

Ingredientes: (4 personas)

Opción A: Cuatro butifarras dulces artesanas del Ampurdán
Opción B: Cuatro butifarras normales (a las que añadiremos en el cocinado miel, canela y ralladura de limón para que reduzcan e impregnen a las butifarras con una capa de caramelo exterior)

Cuatro manzanas del Ampurdán
Un tarro de Lágrimas de gintónic de El Rebost de L´Epordanet (confitura gelatinizada)
Una botella de vino tinto de la tierra de donde se haga la receta
Aceite de oliva virgen extra
Cuatro rebanadas de pan

Elaboración:

En una sartén ancha y con aceite bien caliente daremos una rápida fritura a las butifarras (que previamente habremos pinchado para que no exploten y expulsen algo de su grasa) hasta que tomen color. Verteremos después el vino en la sartén y esperaremos a que espese hasta lograr una textura cremosa. Si no se han conseguido las butifarras dulces ampurdanesas añadiremos sobre cada embutido una cucharada de miel, otra pequeña de canela y la ralladura de limón al gusto. Dejaremos cocinar hasta que la textura sea de una salsa oscura y muy espesa. Debe terminar pegajosa, aunque al enfriarse todavía lo hará más.

Por otro lado introduciremos las cuatro manzanas en el horno precalentado a 180 grados y las asaremos por un tiempo que determinará su tamaño.

El emplatado será esencial, pues sobre una rodaja de buen pan colocaremos la butifarra. La salsearemos con mimo bien con la reducción del vino tinto o bien con la mezcla del vino con la miel, la canela y el limón. Junto a tan peculiar montadito dispondremos la manzana asada todavía en caliente a la que añadiremos por encima unos toques de lágrimas de gintónic, que el calor se encargará de desgelatinizar y permitirá que impregne toda la superficie de la fruta.

Brillante toque de dulzor

Presentaciones geometrizantes
Cubismo y butifarra


Justificación de la receta:

La primera vez que coincidimos con la obra del pintor Wilfredo Lam las circunstancias del encuentro fueron algo especiales, así como las sensaciones que nos produjeron a esta humilde pareja de idasdecocina. El hecho es que hará cuatro veranos recorríamos la turística calle Obispo de la capital cubana haciendo una ronda de esas que tanto nos gustan. Ésta fue muy buena porque se trataba de catar toda suerte de cóckteles que ofertasen la multitud de bares y cantina que por allí se amontonan. Al final de la calle, el colofón, reina la famosa Bodeguilla del Medio. Como buenos mitómanos dejamos allí todo nuestro aguante alcohólico y todos nuestros dólares. Apuramos unos cuantos vasos de mojitos, que sudábamos casi al mismo tiempo que los sorbíamos. La salida del local no fue tan triunfal como la entrada a buen seguro. Con pasos que evidenciaban nuestro estado ebrio (y era la hora del aperitivo) continuamos calle abajo hacia la bahía y nos llamó la atención un cartel que advertía al visitante de la proximidad de la casa museo del pintor cubano Wilfredo Lam. Cierto que habíamos oído aquel nombre junto a otros dentro del panorama surrealista, pero jamás habíamos visto una obra suya. Así que con curiosidad y con la esperanza de que en un museo el calor fuese menos agobiante nos dirigimos allí. Por nuestro estado poco recordamos del edificio, de su entrada con la consabida tienda de souvenirs, del guirismo de bermuda y pareo que seguro circulaba por ahí, pero lo que recordamos con gran claridad es la impresión de ver por primera vez aquellas figuras. Distorsiones de formas y colores poblaban las claustrofóbicas salas. Los efluvios del ron seguro que ayudaban a abrir nuestra percepción al ya de por sí embriagador discurrir de figuras distorsionadas por el artista. Unas alargadas como cañas de azúcar humanas, otras retorcidas como gigantes hojas selváticas. Culos y abdómenes hinchados a la manera de venus paleolíticas combinaban con rostros que recordaban a las máscaras africanas tan de moda en la primera mitad del siglo XX. Pese al fresquito que nos ofrecía el edificio nuestro recorrido lo recuerdo corto. Esa sensación de movimiento, de inestabilidad, de búsqueda esencias humanas olvidadas que nos recuerdan nuestra naturaleza animal, de eternas transformaciones que sólo transmiten inquietud e inseguridad a quien trata de comprenderlas con los límites de la razón moderna, nos hizo salir a la carrera de allí para dirigirnos al hotel con el fin de calmar cuerpos y espíritus y descansar un poco antes de emprenderla de nuevo con la ronda nocturna. Ese fue, hasta la semana pasada, el último contacto que tuvimos con el artista cubano.

La Jungla, Wilfredo Lam, 1943


El caso es que estábamos buscando información para un post pasado sobre hiperrealismo y por esas cosas que tiene el azar y google algo se cruzó por el medio y la pantalla se nos llenó de imágenes de cuadros surrealistas, y entre ellos allí estaba. Llamaba la atención a primera vista por la intensidad en sus contrastes cromáticos, figuras alargadas y un sentido de la verticalidad extremo. Solo hubo que pinchar sobre él con el ratón para que los píxeles de nuestra pantalla parecieran explotar en una nube de colores sorprendente. Además de la sensación que provoca el cuadro en sí, pronto nos llamó la atención el hecho de qué pintaba un cuadro como aquel entre otros surrealistas tan ortodoxos como los de Dalí, Ernst o Chirico. La cuestión se tratará más adelante. La firma nos llevó de vuelta al pasado. A nuestras correrías por la noche y el día habanero. A la visita fugaz y esquizofrénica a la casa del pintor, y sobre todo al poso que dejó en nosotros. Volvieron los olores del arroz con puerco, del fricandó, de los camarones como puños junto a insulsas pero enormes langostas. Sopas de extraños cereales en el barrio chino, kilos de maní sentados en el malecón que demandaban cervezas claras y frías sin descanso, rones ilegales caseros de alambiques centenarios vendidos en botellas de plástico de agua mineral, y así pasamos la tarde entre recuerdos casi olvidados por otros que ya comienzan a difuminarse por el presente.

El pintor mestizo en la Cuba de los cuarenta

Ave o ángel


El poso germinó a los días, cuando al querer transmitir en este humilde blog una idea buscábamos una excusa cultural para enlazarla con una buena receta de comida. La idea en cuestión no es original, pero si significativa. Es una de nuestras habituales y ahí va en palabras sencillas. Sólo partiendo de lo más local y concreto se puede llegar, en un ejercicio de transformación y metamorfosis a lo universal. El tópico de consume local y piensa global. No sólo se trata de una fórmula para explicar el mundo, una forma de conocimiento. Más importancia tiene en el sentido de que guía una manera de vivir. Solo mejoramos y trasformamos el mundo a través de las pequeñas acciones cotidianas. Esas que parece que no importan, que sólo pertenecen a nuestro pequeño universo personal y se quedan ahí. Las grandes ideologías que prometían paraísos terrenales agonizaron una tras otra entre estertores de dolor y muerte. Los esquemas filosóficos que intentaban revelar la verdad murieron asfixiados al caer en retóricas religiosas y bizantinas que no tenían ninguna aplicación práctica. Y qué decir de las revoluciones, las buenas, las nacidas del pueblo que trata de organizarse de una manera más justa y humana. ¿Qué fue de ellas? Infinitud de movimientos en lucha por pisotear privilegios seculares acabaron pisoteados por sus dirigentes o por la realidad, siempre enemiga más feroz de lo que esperaron.

Wilfredo lleva el surrealismo por la senda del expresionismo hacia la abstracción
Recorrido vanguardista



En estas idasdecabeza estábamos cuando recordamos el cuadro que habíamos visto. Nos casaba de maravilla para nuestro objetivo. La obra de Wilfredo Lam estaba plagada de referencias locales, su tratamiento estaba inserto dentro de las vanguardias pictóricas del XX, un lenguaje moderno y rupturista, y su alcance universal al elevarse por encima de indigenismos localistas, pero también del formalismo estilista cuyo mensaje pierde fuerza al someterse al corsé de turno. En este caso el autor aborda el mundo onírico característico del surrealismo a través de un lenguaje y una técnica novedosos. Las figuras sufren una distorsión expresionista extrema. Una metamorfosis tan intensa que casi nos lleva camino de la abstracción. Esa era la explicación al contraste que se aprecia al ver la obra junto a otras surrealistas tradicionales. Conclusión: en La Jungla, Lam parte de lo local (figuras afroantillanas, paisajes de naturaleza salvaje con sus largas cañas tropicales y enormes hojas verdes), lo trata con un prisma deformante de creación propia (estilización, cosificaciones justo a personificaciones contradictorias, distorsión de colores…) y llega a un mensaje universal, que vaya, es el mismo que el nuestro. El universo es cambiante y está siempre en continua transformación. Nada es estático y por fortuna el timonel que marca el rumbo es el ser humano. Por ello sólo es necesario introducir en la conciencia del capitán del barco el mensaje de justicia y responsabilidad para llegar cada vez a puertos mejores. Se trata de alterar la conciencia, de elevarnos por encima de la realidad hacia el lugar donde queremos llegar.

Joyita literaria poco conocida por
su dosis críptica

Capo de capos


El siguiente descubrimiento nos llegó cuando informándonos sobre el autor vimos un trabajo suyo de los más curioso. En 1940, apenas dos años antes de pintar La Jungla, nuestro mestizo artista ilustró, nada menos que por su mentor André Bretón, el capo del surrealismo, un poema largo titulado Fata Morgana. Ésta era, según la leyenda artúrica, la hermanastra del rey Arturo, que gracias a su capacidad para transformarse engañaba a todo el que se le ponía por delante. Lo curioso del caso es que habitaba en una isla llamada Avalón, que sería morada para los grandes guerreros y héroes, que se caracteriza en todas las descripciones por tener dos cualidades: estar siempre en eterna transformación y plagada de jugosas manzanas. Nuestro mensaje y un ingrediente para el plato. Vamos anotando.

Ramón Freixa
Artista de talento viaja del localismo a lo universal

Una de sus propuestas
Guarida de esencias ancestrales


El tirabuzón que nos lleva a la tercera referencia tras La Jungla de Lam y el Fata Morgana de Bretón es de los que nos gustan. Investigando las escasas referencias al poema existentes en el mundo de la crítica literaria se nos ocurrió variar un poco el rumbo y buscar como referencia la isla de Avalón. Allí fuimos y entre informaciones ofrecidas por todo tipo de frikies y videntes esotéricos nos apareció la referencia a un Restaurante de Barcelona: el del Hotel Avalón. Llenos de ignorancia pinchamos sobre él y...Sorpresa. Lo dirige nada menos que Ramón Freixa (www.ramonfreixa.net/), un gran amigo del facebook, que nos inunda de maravillas y nos despierta el estómago visualmente en multitud de ocasiones. De carrera meteórica y laboriosa, en veloz ascenso al estrellato gastronómico, este autor combina las más modernas corrientes culinarias con el máximo respeto a la tradición (Freixa Tradició se llama uno de sus establecimientos) local, en su caso catalana para elevarla y darle valor universal. A la manera de Lam con sus figuras originistas, o Bretón con metáforas imposibles, el artista del fogón lo hace desde ingredientes humildes y sinceros. Cercanía y herencia tamizadas por vanguardismo. Ahí teníamos la clave para nuestra receta.

Si la excitación intelectual ya era máxima, al abrir la carta de menú de su restaurante (el Tradició, que es el que nos interesaba) lo vimos y casi nos caemos de la silla. Ahí estaba la receta. La que combinaba ingredientes tradicionales del entorno con un lenguaje renovador. Transformación cotidiana como método revolucionario.¿A qué plato se nos fue la vista? Ahí lo soltamos: Butifarra dulce con manzana y picadillo. Por si todavía nos quedaba más capacidad de sorpresa, al consultar sobre qué era aquello de la butifarra dulce pudimos saber que se trataba de un secular producto ampurdanés que combina en su elaboración la consabida carne de cerdo con azúcar y/o miel, canela y ralladura de limón y que se suele servir acompañada de manzanas generalmente asadas. Como las de la isla de Avalón de Bretón siempre cambiante como las figuras de Wilfredo Lam. Gracias Ramón Freixa, una vez más nos has alegrado la vida.

Artista con sus instrumentos
Lienzo en blanco a la espera

Nuestro Parnaso personal

Productos modernos que arrancan siglos atrás

Gruta de las esencias
Y como no hay tres sin cuatro, o mejor, donde comen tres comen cuatro hay va la siguiente carambola del azar. Cuando hemos narrado la sorpresa que nos ofertaba nuestro insigne cocinero en su carta hemos omitido un dato, que por venir al caso es de justicia nombrar. Para nosotros el Ampurdán se trata de una tierra mítica. Todas las referencias que tenemos sobre ella las hemos aprendido de un maestro. A día de hoy afirmamos con rotundidad que para los idasdecocina esta tierra catalana representa un parnaso particular. A la manera que lo es el anglosajón Avalón, o como lo fueron Icaria, la Atlántida, el Olimpo, el Paraíso o el reino de Saba. Quizá sea nuestra imaginación o la necesidad que tenemos como seres humanos de localizar geográficamente el lugar donde habitan nuestros deseos y anhelos. Lo que seguro que ha alentado nuestra visión particular de aquella tierra (todavía imperdonablemente desconocida para nosotros) ha sido la imagen que nos proyecta de su tierra todo un personaje sin parangón. Se trata de Manu, enloquecido caballero medieval siempre escoltado por su escudera Rosita, que desde su fábrica de sueños de El Rebost de l´Empordanet (ofrece a la humanidad las que sin duda son las mejores mermeladas, confituras y placeres en forma de lágrimas (las hay hasta de gintónic) de tot el mon; y desde su blog http://www.manelirosita.blogspot.com/ nos inundan de pensamiento positivo para nuestros días de bajón y desde http://www.manurosicuina.blogspot.com/  nos inundan de propuestas gastronómicas que nos transmiten en plenitud el mensaje universal que tanto nos cuesta a veces encontrar. Manu es un humanista de gran formación, experiencia tibetana y prácticas culinarias míticas, que merece por fin nuestra atención en estas páginas que tantos desvelos nos dan y sus creaciones un lugar en nuestro recetario (hasta que no se ha abierto uno de sus elegantes tarros de esencias no se puede valorar con justicia y equidad el sabor de ninguna otra confitura). Pero es que además encaja a la perfección en el sentido profundo de nuestro discurso. Un producto que nace de la tierra, elaborado con ingredientes totalmente insertos en el entorno inmediato, con un tratamiento artesanal heredero de multitud de generaciones de hogares a lo largo de la historia. Manu los manipula con un lenguaje moderno llevando el producto a un nivel de universalidad que, al probarlo, nos transporta a la propia esencia cambiante del ser humano. Un genio, un artista.

Esencias del acervo de un pueblo esperando ser destapadas

Icaria espera a los valientes


Nuestra intención al escribir esta entrada era la de desarrollar y relacionar las ideas que nos transmiten nuestros Cuatro artistas, pero es tanto el material que estamos recabando y de tal intensidad conceptual que hemos preferido seccionarlo y dedicar una entrada entera para cada uno de nuestros artistas protagonistas. Así pues durante un mes dedicaremos una entrada semanal para que Wilfredo Lam y su Jungla aúnen lo local con lo universal, igualmente André Bretón nos transportará a Avalón para conocer su naturaleza tan cambiante como nuestro mundo, saltaremos a las mesas de Freixa Tradició para conocer al justamente estrellado chef que es capaz de manejar con lenguajes vanguardistas con tradiciones pasadas que evocan universalidad y globalización bien hecha. Finalmente conoceremos al Cicerone de nuestro Parnaso, el Ampurdán, dibujando un semblante de Manu y sus creaciones, siempre en transformación e investigación y siempre ligadas a las pasadas generaciones. Acervos del pueblo que resuenan en botes de cristal.

Esta entrada está dedicada a la memoria de la cigarrera del Tubo, que tantos momentos de alegría en forma de humo nos ha regalado a varias generaciones de zaragozanos.
Nos dejas huérfanos y a tus calles más vacías que nunca.

IN MEMORIAM