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viernes, 23 de marzo de 2012

La rabia del pueblo (Keny Arkana)


La rabia del pueblo (Keny Arkana): una salida a la crisis

Un nuevo sentimiento se está gestando entre la juventud: la rabia
Ya sabemos cómo llamar al estado de ánimo que nos provoca a los europeos el derrumbe del Estado de Bienestar, indignación. Hessel y Sampedro nos lo han enseñado, pero la experiencia posterior nos demuestra que la indignación no es suficiente. Se trata de un sentimiento racional fruto de un análisis objetivo de la situación. La tendencia neoliberal, aunque resulte una obviedad afirmarlo, se aprovecha de una situación de recesión económica para implantar sus principios esenciales sobre nuestras sociedades. No se trata de adoptar decisiones transitorias para reconducir una situación coyuntural, sino que se están creando estructuras que vienen para quedarse. Sabemos que, no sólo es posible mantener los servicios que el Estado dispensa a sus ciudadanos, sino que inclusopodemos aumentarlos. El Estado se sirve de ellos para garantizar los derechos de sus ciudadanos. Tal reconocimiento de derechos es lo que molesta al mundo neoliberal, sobre todo en el caso español, en el que esta postura está representada por los dos partidos políticos mayoritarios. Abrir el pastel de la sanidad, la educación, la seguridad, el transporte y las comunicaciones, la vivienda…al mercado privado es destruir la última barrera que se interpone entre las gigantes corporaciones y el sistema democrático. No nos engañemos, si el ser humano ha decidido vivir en sociedad es porque le reporta más beneficios que en estado natural. Es una vieja idea ilustrada: el individuo cede una parte de sus libertades para hacer posible una convivencia, donde las decisiones se adopten según el criterio de la voluntad general. La decisión de los Estados de  autodestruirse y dejar de corregir los desajustes que provoca el mercado descontrolado, provocará que los ciudadanos revisemos el contrato social. Si ya no nos sale a cuenta renunciar a nuestra naturaleza animal a cambio de la civilización, podemos decidir volver al árbol. Si nuestra pertenencia obediente a una sociedad no satisface las necesidades por las que la fundamos, podemos decidir acabar con ella desde sus cimientos.

Keny Arkana lanza su himno desde los auriculares
Es mucho lo que se está jugando. En un primer momento ha servido la anestesia de miedo. El mensaje apocalíptico lanzado desde el poder ha calado en todas las esferas, pero no es posible engañar a todo el mundo todo el tiempo. La verdadera intención que se esconde tras el desmantelamiento de las medidas de cohesión social terminará por aflorar. La indignación es tan comprensible y necesaria como insuficiente. Solo es un paso, una toma de posiciones. Tras ella surgirá un sentimiento mucho más poderoso. Los neoliberales han calculado mal. De la indignación a la rabia sólo hay un paso, y estamos a punto de realizarlo. Hay señales que así lo indican. No será en las generaciones adultas donde se geste la rabia, sino en la juventud. La más preparada de la historia de la humanidad y la que menos tiene que perder. Desdeñada, vilipendiada, tachada de conformista e ignorada como fuente de opinión aguarda su momento. La explosión de rabia se está gestando, y está no se canalizará a través de los sindicatos ni del vanguardista movimiento asambleario. No será asumida por ninguna fuerza política tradicional. Será una explosión de rabia a la manera de los motines preindustriales: desorganizados, vengativos y liberadores.

Hace más de dos siglos que la rabia estalló por las calles de París
Hoy traigo aquí una referencia musical que ilustra el espíritu que acabo de describir. Llega de Francia como tantas cosas. Cuidado, neocom, que éstos no son pactistas. Ya saben lo que es ver rodar reales cabezas por las calles de París. Si fundieron los fusibles de un todopoderoso Rey Sol, que no serán capaces de hacer con las bombillitas que hoy se instalan en el Eliseo. Desde Marsella nace un nuevo himno. Pero esta vez es un cántico apátrida. Nueva marsellesa que no reclama días de gloria a los hijos de la patria, sino que anima a los hombres a refundar el contrato. Se hace necesaria una nueva redacción, pero esta vez no será desde la calma, ni desde la inocencia, ni desde la confianza. El hombre ha aprendido quién es quién en este juego, y el nuevo mundo nacerá desde la esperanza en el futuro. No en balde desde allí vienen las cigüeñas cargadas con nuestros sueños colgando de sus picos. Cuando más oscura está la noche, cuando más hiela los corazones a la intemperie, más cerca está el amanecer. La rabia late, todavía escondida bajo los auriculares de millones de jóvenes a quienes se les promete un futuro decadente. Hoy la indignación, mañana la rabia del pueblo…

Enlace con el video: 


La rabia del pueblo

Ok, tenemos la rabia, pero no de esa que babea.
Pregunta a Fabe, la vida cruje como nuestras suelas sobre el pavimento.
La rabia de ver nuestros objetivos obstaculizados, de vivir atados de manos.
La rabia grabada desde hace mucho tiempo atrás.
La rabia de haber crecido demasiado deprisa cuando los adultos te roban la infancia.
¡Pah! Imagina un muro y un bólido.
La rabia ya que es imposible esa paz tan querida.
La rabia de ver tantos policías armados en nuestras calles.
La rabia de ver este puto mundo autodestruirse
y que siempre haya inocentes en medio de los tiros.
La rabia, porque fue el hombre el que creó cada pared,
y levantó barricadas de hormigón, ¿tendrá miedo de la naturaleza?
La rabia que ya olvidó que formaba parte de ella, desarmonías profundas, pero
¿a qué el mundo se fue la paloma?
La rabia de tener tan marcada la cara por las punzantes normas.
Y luego la rabia, sí, la rabia de tener rabia desde que somos niños.

Porque tenemos la rabia, pase lo que pase, permaneceremos en pie.
La rabia de llegar hasta el final y hasta dónde quiera llevarnos la vida.
Porque tenemos la rabia ya no podremos callarnos ni sentarnos.
A partir de ahora estaremos listos porque tenemos la rabia, el corazón y la fe.
Porque tenemos la rabia pase lo que pase, permaneceremos en pie.
La rabia de llegar hasta el fondo de donde quiera llevarnos la vida.
Porque tenemos la rabia ya nada podrá detenernos.
Insumiso, sabio, marginal, humanista o sublevado.
La rabia porque no elegimos nada y sufrimos todo el tiempo.
Y dado que sus elecciones están cojas todo equilibrio desaparece.
La rabia, ya que lo irreparable se acumula desde hace un buen rato.
La rabia pues ¿qué es lo que esperamos para ponernos de pie y armar jaleo?
La rabia, es todo lo que nos dejan, de todas maneras, todo lo que nos queda.
La rabia, ¿cuántos de nosotros terminarán por cambiar de chaqueta?
La rabia de vivir y vivir el momento presente,
de elegir su futuro, librey sin su red de opresión.
La rabia, porque todo es una mierda y porque este mundo lo acepta
y porque todos sus campos OGM esterilizan la tierra.
La rabia, para que un díael engranaje sea roto.
La rabia, porque demasiados leen "verdad" en las pantallas de sus televisores.
La rabia porque este mundono nos corresponde.
Nos alimentan con falsos sueños para colocar sus escudos de defensa.
La rabia porque este mundo no nos corresponde,
¡donde se ceba Babilonia mientras nosotros morimos abajo!

La rabia de creer y de hacer que las cosas cambien.
La rabia, de un Chirac, de un Sharon, de un Tony Blair o de un Bush.
La rabia porque este mundo ve rojo pero de pintura gris se rodea
y porque no oyen nunca los gritos cuando corre la sangre.
La rabia porque es lo peor que rozamos.
La rabia porque occidente aún no seha quitado su atuendo de colono.
La rabia porque el mal golpea demasiado sin cesar y porque ya no son renovados
tantos grandes conocimientos ancestrales.
La rabia, demasiadas mentiras y secretos guardados, la élite de nuestros estados,
rica de una verdadque puede cambiar la humanidad.
La rabia porque no quieren que las cosas cambien, ¿verdad?
Prefieren guardar sus poderesy manipularnos como a sus máquinas.
La rabia porque creemos en los ángeles y porque hemos elegido caminar con ellos.
La rabia porque mis afirmaciones molestan.
Mira en las cuatro esquinas del globo la rabia del pueblo en ebullición.
La rabia, sí la rabia,o la gasolina de la revolución.

Anticapitalista, altermundialista, o tú que buscas la verdad en este mundo,
la resistencia de mañana, in sha Allah, en la víspera de una revolución espiritual,
la rabia del pueblo, la rabia del pueblo.
Porque tenemos la rabia, esa que hará temblar tus normas.
Porque tenemos la rabia, la rabia se ha hecho con el populacho
y la rabia es enorme.

De indignados a rabiosos

viernes, 10 de febrero de 2012

Santos Discépolo, Goethe y un plato de Cus-Cus



Ahí va mi versión sobre el desengaño con el permiso de Santos:
“Custodiado por dos oxidadas alambradas nada parecía indicar que se trataba de la senda de la libertad. Un puñado de imágenes de los cinco últimos años se sucedían en su mente. Desconchadas puertas metálicas cerradas, húmedos muros agrietados, y barrotes. Miles de barrotes se sucedían en hilera en ventanas, salas, corredores, barandillas y patios. Lo peor era el sol. Para muchos simbolizaba la esperanza de la libertad, todo aquello que encontrarían a la salida. Al amanecer, incluso antes del desayuno, los presos se detenían en el patio para dejarse acariciar los rostros somnolientos por sus primeras lengüetadas. Les recordaba que la vida seguía su curso ahí fuera. Un recurso a la esperanza que a él sólo le creaba más angustia y ansiedad. Huía del astro buscando los rincones más oscuros de la prisión. No soportaba la idea de que el mundo girase sin su presencia.
Su mecanismo de defensa fueron los recuerdos. Sobre todo los de la infancia. Todos los momentos anteriores a su carrera hacia el abismo los traducía a imágenes que repasaba cada noche tendido sobre el camastro de muelles. De ellos provenía su fuerza para resistir. Mientras estuvieran ahí, nada podría doblegarle. Ni la inhumanidad de sus carceleros, ni la brutalidad de otros presos, ni la condenada soledad, ni la monotonía de los días iguales; todas las sensaciones de frustración se evaporaban a golpe de recuerdos.

En los últimos meses el recuerdo más recurrente era el de un niño de la mano de su padre paseando por el paseo principal de su ciudad. La blanca y débil manita del niño era asida con fuerza y seguridad por la del todopoderoso padre. El paso de ambos se aceleraba al llegar a su destino. Parecía una taberna de tres al cuarto. El olor a fritanga y los vapores difíciles de respirar recibían a los aventureros. Ambos esperaban en silencio con sonrisas cómplices. El contraste del frío de la calle con la sensación de agobio del interior aparecía en el niño en forma de rosetones rojos en las mejillas. Esperaban junto a una de las mesas en forma de tonel de vino su ración pecaminosa. Llegado el momento comían sus  bocadillos con ansiedad. Acompañados de una cerveza y un refresco de naranja aquellos entrepanes eran la perdición de ambos. El bollo blanco y de corteza endeble no se resistía a los dientes del pequeño. La salsa entre los aritos de calamar no empalagaba como las demás mayonesas. Era ligera y se crecía con los toques de fuerte picante que intentaban en vano aplacar a base de cerveza y naranjada. Satisfechos y con las comisuras de los labios todavía blancas y aceitosas volvían a la calle rumbo a casa tras una tarde de cine y bocadillo de calamares.
Al llegar al extremo del corredor fue consciente de que se encontraba ante la puerta que una vez le arrebató la libertad. Ahora se presentaba como el último bastión de su reclusión. Añoraba la cálida mano de sus recuerdos, pero sabía que no volvería a sentirla jamás. La sentencia le arrebató todo.
Decidido acudió al centro de la ciudad en la línea de autobús que salía de la entrada del presidio. La ciudad había cambiado mucho, sobre todo en los barrios periféricos que ya no reconocía. Pero conforme el autobús se acercaba al centro fue reconociendo algunas calles y edificios. Sin pensarlo mucho se acercó al bar de los calamares. Como en sus ensoñaciones aceleró el paso cuando vio la luz del local vomitada sobre la calleja. El olor a grasa y a humanidad reavivó el recuerdo de décadas atrás. Aquél que le había servido de refugio en su largo éxodo carcelario. Pidió el bocadillo y una cerveza gigante cuando consiguió un sitio en la misma mesa de antaño. Se lo presentaron sobre un plato de loza blanca. Preparó su paladar con un largo trago. Agarró la pieza y le arrancó un bocado tremendo y ansioso.
Un temblor incontrolado partió de su estómago y recorrió su cuerpo hasta llegar a las manos. Aquel no era el recuerdo. El pan era gomoso, los calamares estaban tiesos y la salsa tenía un toque avinagrado que no permitía al picante venirse arriba. En definitiva, aquello era un asco. Miró alrededor para observar a los clientes. La parroquia estaba compuesta por jóvenes pasados de alcohol y por viejos de dientes amarillos. La atmósfera húmeda le impedía respirar con facilidad. Una inesperada y solitaria lágrima de deslizó por su mejilla. Apuró la jarra, abandonó la inmundicia sobre el platillo y regresó al frío.”
David, febrero de 2012

Esta noche me emborracho

Sola, fané, descangayada, 

la vi esta madrugada 
salir de un cabaret; 
flaca, dos cuartas de cogote 
y una percha en el escote 
bajo la nuez; 
chueca, vestida de pebeta, 
teñida y coqueteando 
su desnudez... 
Parecía un gallo desplumao, 
mostrando al compadrear 
el cuero picoteao... 
Yo que sé cuando no aguanto más 
al verla, así, rajé, 
pa' no yorar.

¡Y pensar que hace diez años, 

fue mi locura! 
¡Que llegué hasta la traición 
por su hermosura!... 
Que esto que hoy es un cascajo 
fue la dulce metedura 
donde yo perdí el honor; 
que chiflao por su belleza 
le quité el pan a la vieja, 
me hice ruin y pechador... 
Que quedé sin un amigo, 
que viví de mala fe, 
que me tuvo de rodillas, 
sin moral, hecho un mendigo, 
cuando se fue.

Nunca soñé que la vería 

en un "requiscat in pace" 
tan cruel como el de hoy. 
¡Mire, si no es pa' suicidarse 
que por ese cachivache 
sea lo que soy!... 
Fiera venganza la del tiempo, 
que le hace ver deshecho 
lo que uno amó... 
Este encuentro me ha hecho tanto mal, 
que si lo pienso más 
termino envenenao. 
Esta noche me emborracho bien, 
me mamo, ¡bien mamao!, 
pa' no pensar.
Santos Discépolo, 1928 

Rostro enjuto y el alma a flor de piel

Justificación de la receta
Las Afinidades electivas es el título de una de las grandes novelas románticas. Escrita por Goethe en 1809 abre su etapa de madurez y muestra en ella uno de sus temas recurrentes, las pasiones que determinan nuestros actos. La visión del ser humano que desprende explica la modernidad de la obra. El hombre elige en la vida, toma decisiones y afronta sus consecuencias. El problema que aborda el alemán es el criterio que adoptamos a la hora de la elección. En una época de auge científico como eran los comienzos del siglo XIX, Goethe aprovecha las teorías del momento para trabajar a sus personajes. Una cita bastará para comprenderlo:
“En todos los seres de la naturaleza notamos, en primer lugar, que están en cierta relación consigo mismos. Ciertamente, resulta extraño decir algo que se entiende por sí solo. Pero sólo justo después de haberse puesto plenamente de acuerdo sobre lo conocido, se puede avanzar de forma conjunta hacia lo desconocido”
Así pues el personaje que nos ofrece la cita nos aclara que es imposible comprender lo ajeno sin haberlo hecho antes con lo afín. Por eso a lo largo de la novela, el autor mueve a sus personajes en unas relaciones similares a elementos de la naturaleza más que a seres humanos, aprovechando los estudios sobre minerales del momento, en los que se investigaba el porqué unos tenían mayor tendencia a aproximarse a otros sin causa aparente. Y aquí llega mi interés por la obra, pues me planteo la duda de por qué cuando escucho uno de mis tangos favoritos de Discepolín me viene a la boca el sabor profundo de un plato tan ajeno al universo tanguista y argentino en general. Aquí creo que ni Goethe podría ayudarme, pero la ley de las afinidades electivas, en mi caso une la solera y melancolía del tango con la frescura y exotismo del cus-cus. Aquel revive recuerdos perdidos y éste abre un futuro lleno de esperanza y sabor.

Receta de Cus-Cus
Ingredientes:
Cuatro tazas de sémola de Cus-Cus
Una patata
Una zanahoria
Tres ramas de apio
¼ Kilo de calabaza
Un pimiento verde
Una cebolla
Un puerro
Un bote de garbanzos cocidos
½ Kilo de cuello de cordero
Una cucharadita de pimentón picante (o Raas-al-Hanout en versión original)
Aceite de oliva virgen extra
Sal
Un pellizco de eneldo o de menta bien picada

Elaboración:

Aunque uno es reacio al uso de olla exprés, la autora de esta maravilla la utilizó y a la vista del resultado apuesto por su uso en esta ocasión. Con la olla abierta pocharemos la cebolla bien picada y añadiremos la carne de cordero hasta dorarla y que quede bien sellada. Trocearemos al gusto todos los vegetales (patata, zanahoria, apio, calabaza, pimiento y puerro) y los añadiremos a la olla. Cubriremos de caldo de verduras o de pollo y cerraremos para que coja presión. Cuando comience el hervor lo dejaremos seis minutos con el fuego alegre y después lo apagaremos dejándolo cocer seis minutos más. Abriremos la olla y añadiremos los garbanzos el pimentón y la sal. Dejaremos que todo se conjunte unos minutos.

Por otro lado en un recipiente hondo dispondremos la sémola a la que añadiremos el mismo volumen de caldo hirviendo. Esperaremos tres minutos y desharemos la pasta con un tenedor para que no quede apelmazada.

El emplatado recomendado sería presentar la pasta y la guarnición por separado para que cada comensal la mezcle a su gusto y lo disfrute con la cantidad de caldo que desee. Un chorrito de aceite de oliva sobre el cus-cus y un ligero espolvoreado de eneldo o menta bien picada aporta el toque fresco final.  

Así se presentó (con copita de orujo con hielo incluida) y así te lo cuento

miércoles, 8 de febrero de 2012

Richard Wagner y la salsa romesco (la obra total: música y gastronomía)

Richard Wagner y la salsa romesco

Richard Wagner, todo un exceso musical
Sabedor  de la que me va a caer por parte de los puristas voy a aventurarme hoy a exaltar la figura de uno de los grandes genios  de la música y maestro de los excesos, Don Ricardo Wagner. Mi intención no es tanto mostrar su superioridad frente a los creadores italianos del mundo operístico, como tratar de explicar el vitalismo que me insufla cada vez que me encuentro con su obra. La chispa que propició mi reencuentro con el compositor tiene que ver con el mundo de la comida, como no podía ser de otro modo. Andaba yo manejándome con una romesco aligerada como salsa para calçots cuando varios de los fragmentos wagnerianos más emblemáticos se apoderaron de mis entrañas. Terminé majando avellanas a grito pelado en la soledad de mi cocina. Uno ya no sabía si cocinaba o cabalgaba entre mujeres guerreras. Imagino que el haber disfrutado en varias ocasiones de representaciones wagnerianas en el Liceu de Barcelona es la única razón lógica que encuentro para ligar en una entrada mundos tan aparentemente tan distantes como el universo operístico y el calçotero. Alguna remota relación oculta habrá, pero de momento la desconozco. Así que doy paso a la receta que en esta ocasión va dedicada al músico de Leipzig.

Calçotada esperando su baño de romesco

Para el conejo a la brasa se guardo el all i oli

Salsa Romesco (aligerada para calçots)

Ingredientes (Para un litro y medio de salsa)
800 gramos de tomates maduros
Una cabeza y un diente de ajos
100 gramos de avellanas
100 gramos de almendras
Ocho ñoras desecadas
Una cucharadita de pimentón dulce (o picante si se prefiere)
Dos rebanadas pequeñas de pan frito
Una cucharadita de azúcar (o de miel)
Aceite de oliva virgen extra
Vinagre
Sal

Escalibando tomates...

... y una cabeza de ajos.

Ajos en pomada

Laborioso proceso de extraer la carne de las ñoras.
Esencia pura

 Elaboración:

En primer lugar introduciremos los tomates rociados de aceite en el horno precalentado a 180 grados durante diez minutos. Como después vamos a pelarlos es conveniente hacerles un corte en forma de cruz en la parte superior para facilitar la tarea. Añadiremos junto a los tomates la cabeza de ajos y dejaremos todo en el horno 10 minutos más. Entonces pelaremos los tomates y los ajos, que deben aparecer en forma de pomada si están bien asados (escalibados).
Habremos tenido en remojo con agua caliente la ñoras desecadas para que se rehidraten durante todo el proceso anterior. Ahora con paciencia les iremos arrancando la carne ayudándonos de una cucharilla. En esta fase no hay atajos, pero el punto que le aporta la ñora no es comparable con el de su sustituto en cocinas de baja estopa, el pimiento choricero. La ñora le otorga un aroma especial a mitad de camino entre el ahumado y el tabaco.
Iremos echando en un vaso batidor los tomates asados, la pasta de ajos asada, un diente adicional en crudo, la carne de las ñoras, una cucharadadita de pimentón y otra de azúcar para matar la posible acidez del tomate. Freiremos dos rebanadas no muy grandes de pan en buena cantidad de aceite. Este paso lo sustituyo por unos picos jerezanos, por aquello de aligerar de grasas un poco la receta, pero que conste que lo ortodoxo es hacerlo con pan frito en aceite de oliva. Una cucharadita de vinagre y un buen chorro de aceite (el necesario para que quede con la densidad que se busque, que si es para usarse con calçots debería ser más bien ligerita y si fuese para acompañar pescados o mariscos sería mejor hacerla más espesa), completarán los ingredientes. Batimos todo y vamos corrigiendo de sal.
El último paso es el de los frutos secos. Aún no se ha inventado la máquina que pique los frutos secos sin convertirlos en pastas aceitosas de difícil integración en muchas recetas. Así que majaremos en mortero las avellanas y las almendras. La idea es que se noten pequeños trocitos al probar la salsa, y las añadiremos a la mezcla anterior una vez esté ya bien batida. Un consejo personal para terminar. Un chorrito de aceite de oliva al final aportará brillo y untuosidad al resultado.

A mano sin trucos ni atajos


La clave está en que queden irregulares y se noten

Todos los ingredientes en el vaso batidor

Buscando la textura necesaria
Richard Wagner (La obra total)
Que hay músicas que atacan directamente al sentimiento es algo aceptado. En otras ocasiones, el golpe lo asestan de manera no tan directa pero cuando impacta lo hace con tanta intensidad que es difícil transmitirlo con palabras. Son músicas sin atajos, como me gusta describir mi relación con el mundo wagneriano. No es mi intención entrar en el secular debate entre partidarios de la gran ópera clásica italiana y la línea wagneriana que confieso como mi opción. Lo que me gustaría expresar son las sensaciones que me producen una y otra cuando las disfruto en mis escasos momentos de sosiego.

Representación de Tristan und Isolde en el
Liceu de Barcelona.
¡Que recuerdos! 
Nuestros vecinos mediterráneos apelan, dentro de sus diferencias locales y temporales, a la maestra evidencia. Muestran sin artificios el mensaje del creador a través del buen manejo del ritmo y la melodía en cada momento. Por ello suelo escucharla cuando el tiempo me apremia y sólo dispongo de tiempo para escuchar fragmentos. Puedo internarme en el espíritu de cada fragmento sin necesidad de seguir la obra completa. Los italianos concuerdan contenido y continente con una sinergia mayúscula. Lo que sucede es que de este modo mi percepción de la obra la siento totalmente dirigida y mediatizada por el autor. Si tengo la fortuna de escucharla en directo, la sensación de estar sintiendo lo mismo que el resto del público que me rodea se me hace insoportable. No hay lugar para la interpretación. El espíritu del esclavo impera entre el auditorio. Muy bonito, y en ocasiones sublime, pero lleva al público a un nivel de pasividad tal, que la emoción se vive como fruto de una actividad ajena.
Las puertas que abrió el alemán nos llevan al extremo contrario. Desde pronto su música fue descalificada como metafísica, o filosófica por sus detractores (casi nunca confesos) en oposición a los clásicos italianos. Está claro que Richard Wagner no necesita de mi ayuda para reivindicar sus principios musicales, pero aquí debo romper una lanza en su favor, pues nunca he comprendido el argumento que esgrimen los italianistas sobre la inferioridad de las obras con enfoque intelectual. En cambio, los defensores del de Leipzig suelen argumentar su defensa en una idea: los italianos llegan a la música a través del drama y Wagner llega al drama a través de la música. La explicación es sencilla, pues para los primeros la musicalidad emana del propio contenido argumental del libreto, mientras que para los segundos el argumento profundo se va conformando a través del contenido rítmico y melódico. De este modo la música queda encorsetada en el caso italiano, no puede fluir independizándose del hilo de la obra sin riesgo de incoherencias, mientras que en cada interpretación de la obra wagneriana, el ánimo del propio espectador y la personalidad de los intérpretes serán determinantes en el resultado final.
Más o menos me encuentro entre los quienes piensan de este segundo modo. Pero no lo hago con argumentos teóricos sino por experiencia personal. La vivencia de una ópera wagneriana me obliga a una enorme actividad mental y casi física. Dispara todas mis alertas, y además lo hace de manera distinta en cada ocasión. El argumento discurre por debajo como un telón de fondo que enmarca un mensaje esencial. El preciosismo italiano me agrada pero me paraliza. Escucho La Traviata como sujeto paciente, en cambio, una representación de La Walquiria la vivo como agente. Ahí estaría la diferencia. Quizá la explicación se encuentre en que siempre me ha parecido muy artificiosa y fragmentada la estructura del drama italiano. Wagner genera una unión entre el texto, la música y el escenario que le lleva a hablar de obra total. Nada se queda en el camino y todo está subordinado al espíritu profundo. La continuidad de todos los elementos rompe con la artificiosa e italiana división entre arias y recitativos, logrando la melodía sin fin, únicamente estructurada a través del uso del live motiv, que regresa una y otra vez unificando en conjunto. Así la acusación de que la ópera wagneriana es elitista frente al carácter popular de la italiana me parece un camelo. Aquella obliga a recordar, incita a predecir y apela al sujeto, mientras que ésta, en ocasiones cae en un cierto infantilismo y trata al espectador con aire paternal. Le advierte, le anuncia, le indica y le mastica el mensaje. No es popular, sino dirigida a un público necesitado de dictado.
El mejor patio entre los mejores
Interior del Liceu, historia y magia
Con la idea de regresar en otro momento para disfrutar de alguna de las óperas del alemán me despido deseando salud, buena música y calçots con romesco para todos.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Las dos Barcelonas (del casticismo al snobismo)

Barcelona y sus almas
(Degustaciones en Casa Leopoldo y en el Mercat de Santa Caterina y otras tonterías)


El bacalao de Casa Leopoldo responde al espíritu multicultural de Barcelona
La razón por la que escribo hoy estas líneas es la de tratar de explicarme a mí mismo de dónde viene el amor que profeso a la ciudad de Barcelona. Bien pudiera ser por el clima; o por la ligazón que mi tierra, Aragón, ha tenido con ella a lo largo de la historia; su visión cosmopolita me apasiona tanto como la belleza de sus rincones; el sentido de urbanidad de sus ciudadanos es enorme, pero no supera a su orgullo mediterráneo. Todo ello se me hace atractivo, pero otros lugares hay con las mismas características y no me magnetizan de ese modo.
Diseño y arquitectura inquietante se conjugan bajo la cubierta del Mercado de Santa Caterina
La razón verdadera creo haberla sacado de mi última visita. Después de vivir tres años en ella y de cientos de viajes a sus rincones creo haber descubierto el secreto, nada menos que la contradicción. Y es que recién cumplidos los cuarenta uno comienza a descubrirse a sí mismo. Mejor dicho, uno comienza a aceptarse tal y como es. Vivo en la contradicción y, por qué no decirlo, me encuentro bastante cómodo en ella. Se me podría acusar de falta de integridad o de valores inmutables, pero nunca de hipocresía. Lo que hoy veo blanco y alegre, mañana me resulta de una oscuridad insufrible. Géminis es el símbolo de la paradoja al modo que los orientales aceptan una realidad dual. Mi espíritu lo es del mismo modo, siempre en búsqueda de un equilibrio de opuestos que jamás se resolverá. Barcelona simboliza como ciudad, y más que ninguna otra, esa doble faceta sin ambages ni complejos. Al igual que un servidor, la capital catalana es castiza y moderna. No hay medias tintas.
Restaurante del mercado. Estilo internacional moderno y concepto novedoso
Existe una ciudad condal castiza, charnega, universal, populachera, bulliciosa, amante de la jarana y los olores fuertes, tradicional y purista que convive sin peleas vanas con otra snob, moderna, occidental, aséptica y culta, engalanada en perfumes y música. Para no perdernos en la identificación de las dos caras de la urbe he considerado exponer a modo de comparación nueve bloques temáticos(como las letras de su nombre) en los que cada identidad de Barcelona se muestra opuesta a la otra. Por último y a modo de símbolo relataré una experiencia gastronómica para cada uno de los dos mundos. No se trata de comparar ni de defender una u otra, pues a mí me atraen las dos con la misma fuerza. Con ambas simpatizo y a ellas va dirigida esta broma con cariño.
1.            Barrios: Bien pudieran ser otros los elegidos, pero por afectos personales me decanto por identificar la ciudad castiza con el barrio del Rabal y el Borne para la urbe alternativa. El Rabal comprendido entre las Ramblas y el Paralelo abarca el espíritu de mezcla, convivencia y globalización de la Barcelona eterna. Barrio de libertad, acostumbrado a recoger marineros del puerto que bajaban a tierra firme a fundirse sus cuartos en placeres mundanos y llenar de aventuras exóticas sus rincones. Acoge hoy a una pléyade de inmigrantes del mundo que aportan un sabor y espíritu abierto que se mastica por las aceras. Gente acostumbrada a la vida de la calle que revitaliza la zona. Bares regentados por chinos, pakistaníes, árabes o turcos colorean un panorama alegre para cualquier espíritu curioso y carente de prejuicios. El Borne sería el contrapunto, pues aunque otrora zona envejecida y olvidada por la ciudad, en estos días se ha convertido en ejemplo de reconversión urbana. Desde hace una década el barrio se puso en el punto de mira de toda una tribu de artistas, diseñadores, culturetas que atrajeron comercios modernos de estilo internacional. Estudiantes, bohemios, extranjeros curiosos y personajes peculiares ponen la nota snob.
Calles del Raval. Las sábanas multicolor hacen justicia a la composición social del barrio
2.            Mercados: Por no salirnos de los barrios citados, dos mercados simbolizan el antagonismo que hoy queremos destacar. El mercado de Sant Josep (La Boquería) representa el carácter populachero de la Barcelona de comienzos del tercer milenio. Sus fuertes olores y ruidos ensordecedores atacan al visitante y le predisponen para la algarabía y el bullicio. Sus productos y las voces que se escuchan por sus largos pasajes proceden de todos los rincones del mundo. Desde la butifarra ampurdanesa y el fuet de La Plana hasta el dátil saharariano o la papaya indochina, cualquier alimento del orbe está representado en esta alacena de la urbe. Mientras tanto junto a la Vía Layetana, limitando al Borne, nos encontramos con el Mercado de Santa Catarina. Moderno, con una característica techumbre obra de Enric Miralles, Benedetta Tagliabue, representa el espíritu moderno. Mucho más orden en sus propuestas, se respira la tranquilidad y limpieza de cualquier mercado de abastos europeo. La variedad de sus productos no puede competir con la de La Boquería, pero suficiente para poder hablar de un elenco de productos de calidad, bien presentados y a precio razonable. Basta una visita exprespor ambos mundos de abastos para absorber el alma dual de la ciudad. Una tapita en el Pinocho (taberna estrella de La Boquería) o en el vanguardista bar de Santa Caterina nos dejarán masticar las diferencias con excelentes sensaciones.
Mezcla de detalles nórdicos y aeroportuarios. Entrada al mercado
3.            Banda sonora: Si tuviésemos que representar mediante música la oposición de caracteres de la ciudad el elenco de candidatos sería enorme. Un par de referencias nos ayudarán a esclarecer las diferencias. La Barcelona populachera y tradicional se vería acompañada por los ritmos guitarreros y rumberos de El Peret o los Manolos, mientras que la selecta ciudad exquisita y culta lo sería con las letras originales e inquietantes de Manel o el ritmo eléctrico de Facto Delafé y las Flores Azules. Ambos mundos valiosos, ambos representantes de la ciudad, ambos símbolos de barcelonismo hacia el exterior, pero opuestos y ajenos uno al otro como el agua y el aceite.
El Peret representa la esencia de la Barcelona eterna

Nuevo valor creativo. Renovación cultural fresca y mediterránea
4.            Calles principales: Un paseo por la multicultural Ronda del Rabal y por la remodelada calle del Comerç nos permitirá vivir las diferencias a ritmo de zapato. Locales de comida rápida, mostradores de alumnio o incluso de cinc, coladas secándose en tendedores sobre las aceras en el primer caso. Establecimientos gourmet, gastrobares y cafeterías con indispensable zona wifi y sofá para las posaderas, nuevos enrejados de forja cerrando ventanales de doble capa para aislar la domus de la calle en el segundo. La diferencia entre la castiza Casa Leopoldo y el modernísimo Comerç 24 serían ejemplos de lo dicho.

Carrer del Comerç. Limpieza de cara de una arteria del barrio más alternativo

Comerç 24. Propuesta gastronómica sita en la calle homónima.
Simbolo de modernidad y vanguardia
5.            Películas: Aquí el tema está más que claro. Además nos lo ayuda a desentrañar un viejo amigo de este foro, Javier Bardem, canario con fondo madrileño afincado en EEUU. Protagonista de dos filmes de excelente calidad. El enfoque narrativo está tan lejano en ambos casos que parecen hablarnos de dos lugares distintos. Pues resulta que la verdadera protagonista de ambas películas es la misma: Barcelona. Por un lado la realista, crítica y mundana Biutiful nos sitúa en una calles duras e invivibles. Sus personajes luchan por sobrevivir en una sociedad hostil frente a la aparente frivolidad de la otra propuesta: Vicky, Cristina, Barcelona. Woody Allen y González de Iñárritu tienen formación, origen e intereses distintos, pero ambos caben en el imaginario urbano de nuestra Barcelona. Ambas existen y aparecen certeras en ambas obras.

Director y actor en las calles barcelonesas
Universalizan una ciudad dura y real

Woody es un enamorado del sabor y la luz de Barcelona.
Otro que no es tonto
6.            Mundo taurino: Por afinidad un servidor se encuentra más cercano a la posición antitaurina generalizada en la ciudad, pero dogmatismos los justos. No hay quien niegue la tradición taurina de Barcelona, así como la carga política interesada del tema tal y como se plantea hoy. Que es un claro caso de antiespañolismo lo vemos en el escaso rechazo que los antitaurinos profesan por otras brutalidades contra los animales bendecidas por el nacionalismo excluyente.  No puedo apoyar una actividad que se fundamente en la tortura a un animal, así como tampoco puedo apoyar posturas tras las que se esconden la defensa de cualquier bandera. Por ello el tema ni me va ni me viene, me limito a apreciar con cariño un movimiento que lucha por el final del maltrato animal, signo de cultura y progreso, del mismo modo que siento  simpatía por los amantes de un mundo popular que, pese a muchos, existió y que todavía conserva fervor en parte de la sociedad barcelonesa.

José Tomás en su Coso talismán. Ya es historia
7.            Cómic: Aquí el tema es divertido de verdad. El esfuerzo que me supone encontrar un cómic que represente a cada una de las ciudades condales que conviven en sus calles es mínimo. Makinavaja de Ivá clama a gritos representar a la Barna suburbial, a la pringosa y populachera barra de bar de cerveza y cacahuetes, al submundo tantas veces ilustrado por la literatura, a la época de los quinquis vaquilleros y al olor a cloaca y rumba de sus esquinas. Para la otra urbe debo dar un salto mortal del mundo subhumano al de los superhombres, con un personaje tan altivo y elegante como Batman. En su  el hombre murciélago sobrevuela las calles de la ciudad en una aventura memorable, recreando un paisaje de edificios modernos y unas panorámicas del diseño puntero que se estila por doquier. Las dos Barcelonas aparecen orgullosas de su idiosincrasia y tan reales que la verosimilitud de las aventuras es total.

Siempre actual, vivo y necesario. Superhéroe de barrio

Elegante, distinguido y todopoderoso. Musculatura de gimnasio snob
8.            Plumas: El selecto club de la famosa fotografía de Casa Leopoldo nos evoca una Barcelona con tintes tan castizos como surrealistas. El premio Planeta les ha ido cayendo a todos ellos a base de describir una ciudad ruidosa, con unos bajos fondos que le otorgan categoría universal. Si tuviese que decidirme por una novela emblemática del tema que tratamos para cada uno de ellos lo haría de este modo. Los mares del Sur para Manolo Vázquez Montalbán, Un día volveré para Juan Marsé, cualquier artículo sobre sus calles de Maruja Torres y cómo no, La ciudad de los prodigios para Eduardo Mendoza. Tienen muchas más donde dibujan la ciudad universal, alocada, excéntrica y ruidosa, pero esas serían mis elegidas. Para mostrar la faceta más chic me iría al campo de la poesía para hablar de un duo muy especial, Afterpop Fernández & Fernández, duo compuesto por Agustín Fernández Mallo y Eloy Fernández Porta. Forman un spoken Word totalmente vanguardista y filigranero.Gallego el primero, autor del famoso Proyecto nocilla, y catalán el segundo más centrado en la experimentación con el mundo de los relatos y la crítica literaria; fueron unas de las estrellas que animaron el Certamen de poesía de Barcelona que tuvo lugar el pasado mayo con su actuación emblemática en el Palau de la Virreina.

El dúo Fernández recibió una gran acogida del público más selecto de la ciudad
9.            Platos: Para poder comparar bien en un solo bocado ambos mundos he elegido dos elaboraciones basadas en la misma materia prima: la carne picada. La Barcelona barriobajera tiene sabor a albóndiga, una de las especialidades de cualquier taberna popular en el ámbito nacional. La otra cara de la moneda nos la aporta la hamburguesa. En concreto, las mejores hamburguesas de Barcelona se encuentran en el Bacoa de la calle Colomines, en pleno corazón del Borne. Elaboración importada de sociedades avanzadas. Símbolo de una cultura internacional con fundamentos cinematográficos. Aquí uno no puede permanecer neutral, pues aunque valore el producto de fast food e incluso lo disfrute muy de vez en cuando, soy, lo que se puede decir, un albondiguero redomado e irredento. Sirvan las dos propuestas que se recomiendan saborear en el mismo día para poder comparar.

Dos propuestas culinarias para dos mundos que conviven ignorándose entre ellos. Fueron disfrutadas junto a mi sobrino de 11 años en unos fríos comienzos de diciembre. Tanto tío como sobrino comprendieron y disfrutaron el espíritu contradictorio de la ciudad
Cena tradicional en casa Leopoldo:


Pan con tomate especial de la casa
 

Media ración de Bacalao a Brass (especialidad portuguesa que bordan como nadie)


Media ración de calamares con harina cordobesa...

...y all i oli de acompañamiento
Dos raciones de las famosas albóndigas con sepia y gambas

Crema catalana

Comida en el Mercat de Santa Caterina:
Pan de payés de horno de leña
Huevos rotos con patatas, hongos y butifarra negra
Solomillo de buey con salsa bearnesa
Crema catalana