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viernes, 16 de marzo de 2012

De perdidos a Can Solé (El corazón de la ilustre Barceloneta)



Para ilustrar identificación de un individuo con un restaurante basta con el siguiente ejemplo. Manuel Vazquez Montalbán murió en el aeropuerto de su querido Bangkok en un fatídico octubre de 2003. Como todas las personas, el escritor tenía planes de futuro que fueron sepultados por su inesperada muerte. Algunos de ellos serían a largo plazo, pero otros estaban por llegar de manera inminente. 

En aquellos días no le esperaba en Barcelona ninguna cita literaria. Ninguna reunión pesada de trabajo con su editorial. Tampoco tenía planeada ninguna celebración familiar, ni conciertos en el Liceo. No se le esperaba para entregarle premio ni galardón. Pero había un plan para el día siguiente. Desde El Prat iría hasta su casa a dejar el equipaje, y de ahí a una cita ineludible. Su mujer, Anna Sallés, había sido la encargada de hacer la reserva para ellos dos y Daniel, su hijo. Era asiduo y cliente privilegiado de Can Solé, pero su temperamento le impedía presentarse sin avisar. Quizá suene romántico, pero no es difícil imaginar que el arròs amb espardenyes del establecimiento de la Barceloneta fuese la última imagen que pasó por su mente antes de morir a más de ocho mil kilómetros de su ciudad.

Planta superior de Can Solé.
Allí se ofició la ceremonia arrocera y carvalhesca.
Can Solé es un lugar de referencia en su literatura. Hizo un asiduo del mismo a su detective Pepe Carvalho, que desde el momento en el que se independizó de su autor siguió acudiendo al carrer de San Carles como un feligrés guiado por la fe. Allí, el creador y el personaje degustaron todo tipo de propuestas gastronómicas, desde sus suaves croquetas hasta fresquísimos pescados de mercado. Pero sin duda la referencia de Can Solé eran para ambos los arroces. Amb espardenyes el escritor y con bogavante para el detective. Vida y literatura se funden entre cuatro paredes que son referencia obligada para todo amante iconoclasta de la literatura más negra. Género al que, sin duda el lector habrá deducido, pertenezco por derecho, convicción y práctica.

Cometí la temeridad se sustituir las adaptaciones juveniles
y los barcos de vapor, por la novela negra en las lecturas de un niño.
El experimento fue un éxito
Pensaba en ambos comensales cuando me dirigía con mi sobrino en un viaje iniciático a la ciudad. Bueno está que los adultos nos preocupemos de la formación de nuestros pequeños. Incluso es necesario que lo hagamos de su educación, incluyendo toda esa monserga de los valores y el ejemplo, etc… Pero muchas veces nos olvidamos de transmitir algo mucho  más valioso que todo eso. Olvidamos descubrirles nuestras experiencias o buscarlas en su compañía, y eso no tiene perdón. Para remediarlo me dispuse a pasar una semana con él descubriéndole rincones de Barcelona que significaban algo para mí, y la experiencia fue de lo más fructífera.

Tiernos calamares en el interior de la Boquería
Mi sobrino, al igual que los perros huelen el miedo, detecta muy bien la ansiedad. Lo demostró cuando me agarró la mano y se dirigió a mí nada más entrar en la Barceloneta, rumbo a nuestra cita.

- Tranquilo, David, que ya llegamos. (Nunca me llama tío, tiene clase el chaval)

Y así descubrimos juntos algo que pronto intuyó que era importante para mí. Un secreto de fantasmas que ya forma parte de él, y que quizá un día pueda transmitir a otro niño nonnato. Y si eso no es la inmortalidad, que baje Dios o San Pedro y lo vean.

Flautín de tortilla de la huerta.
Bar Pinotxo
Lo cierto es que llegamos al callejón cansados y hambrientos como lobos, porque habíamos subido andando Montjuich en busca de las huellas de Joan Miró, y un refrigerio tomado a media mañana en el Pinotxo de la Boquería, no es suficiente para dos turistas de metabolismo rápido. Al llegar al restaurante vimos con cierta decepción que la ruidosa y popular planta baja estaba completa y rebosante así que nos subieron al piso de arriba donde todo era más elegante, moderno e impersonal. Pasamos de mirar la carta porque la elección estaba hecha. Iba a aprovechar esa cita para iniciar al pequeño en el maravilloso mundo del arroz negro, y ningún lugar del mundo, fuera del Delta del Ebro, puede ser mejor que la Barceloneta. Con el paso del tiempo he de decir que jamás recomendaría ese restaurante basándome en criterios objetivos. El trato no fue muy correcto. Pareció no caer bien la comanda. La orden fue clara:

- Queremos arroz negro hasta reventar. Sean las raciones que sean. No queremos probar nada más. Pan con tomate, un quintal de all i oli (sin huevo, exigencia de mi sibarita sobrino, que aprende a pasos de gigante) y arroz para parar un tren.

El Pinotxo, un clásico del casticismo barcelonés
Mirada curiosa de niño ante la vorágine tropical
La falta de comprensión hacia las obsesiones y los excesos humanos, no es un punto a favor en un negocio que se dedica a dar satisfacción a los seres humanos. Además la carta se presenta demasiado larga y, por qué no decirlo, cara. Raciones de arroz a veinte euros de media se puede considerar un robo en cualquier país civilizado. Por no hablar de la sinceridad de las elaboraciones. A un extranjero no está bien engañarle, pero a alguien un poco ducho en la materia no se le saca un arroz a los diez minutos de pedirlo. Obviamente la cocina funciona en cadena, y no valoran al cliente con criterio, que quiere que su plato se elabore para él, y no para el siguiente que lo pida, sea quien sea. El mundo del comedor errante se divide entre los que pierden la paciencia esperando el siguiente plato y los que nos deleitamos en una espera que se promete fructífera. Todos estos inconvenientes los he meditado con el tiempo, porque la escena que vivimos ahí, nos alejó de cualquier valoración real. Fue un momento mágico y por eso recomiendo y recomendaré siempre a los espíritus apasionados que acudan a Can Solé.

Únicos acompañamientos permitidos con el  arroz:
All i oli...
...y pá amb tomàquet
Mientras esperábamos el cava recomendado por la casa y el agua, sacamos un raído ejemplar de Los pájaros de Bangkok. Entre sus ajadas hojas leímos por turnos pasajes seleccionados que hablaban de rincones de la ciudad por los que llevábamos días deambulando. La ironía de Carvalho nos hacía atragantarnos. Reímos al conocer al intrépido Biscúter llorando de pena por mendigos y prostitutas del barrio chino, sin duda con una vida más plácida que la suya. Nos pusimos serios al imaginarlo durmiendo junto a su difunta madre en el tanatorio de la ciudad. Nuestras tripas crujieron y protestaron al recrear los festines a los que se enfrentaba una y otra vez el detective. Nos extraviamos por las afueras de un Bangkok nocturno tan inquietante como atractivo. La sombra de Carvalho nos envolvía sin concesiones. Por fin, el camarero nos sacó del ensimismamiento literario. El arroz estaba allí. Nos lo presentaron en la mesa auxiliar como una matrona muestra por primera vez el hijo recién lavado a su madre tras el parto. Una obra de arte a la que atacaríamos por todos los flancos.

El brillo oscuro de las valvas del mejillón aportaba el toque de luz.
El toque crómatico era cosa de la enorme cigala
Sentí como la negrura del arroz a base de la tinta de calamar asustaba al pequeño iletrado en la materia. Pero eso duró hasta que su tenedor seleccionó unos pocos granos de arroz y los introdujo en su boca. Aquello no era literatura. Aquello no eran promesas de futuro. Eso era vida sin tapujos. Realidad en estado puro. Toda la esencia del mar concentrada a base de calamar y almejas de un nivel sin parangón. Reclamamos varias veces la asistencia de los camareros. El pan se quedaba siempre corto, el vino blanco del Penedés (uno es tan cutre que siente pasión por el consabido Viña Esmeralda) sustituyó al difunto cava. A mitad de la ración ya estábamos saciados, pero ese es precisamente el momento de los intrépidos. Comer por hambre responde a una necesidad física, pero hacerlo sin ella representa una de las grandes diferencias entre el ser humano y el animal. Es el momento de la civilización. El ritmo se ralentiza y cada bocado es disfrutado como un acto de culto al ego. Eso no se enseña en la escuela, por desgracia.

Momentos antes del bautismo, cuando todo es una promesa
Con tantos días juntos, mi nene aprendió que si era para gozar de algún placer, non necesitaba pedir permiso. Así que fue él el que con el último bocado negro en la boca llamó la atención del camarero para pedir, sin mirar de nuevo la carta dos cremas catalanas. Pero no lo hizo sin criterio, como lo haría un cualquiera. Consultó antes con severidad sobre si eran caseras o industriales. El tío escondió la lágrima de orgullo y engulló el postre sin mostrar debilidad.

Crema catalana ortodoxa. Azúcar quemado al hierro
La veracidad de lo que viene a continuación la dejo a gusto del consumidor. No sé si serán los efluvios de los buenos y blancos caldos, o la sobredosis de comida ingerida, pero al salir de Can Solé, ambos nos fijamos en la única figura que se acodaba en la pequeña barra del bar que hay junto a la entrada. Un señor enjuto, de una edad indeterminada, se bebía con evidente reseco una larga jarra de Estrella a la vez que masticaba con fruición las croquetas que se disponían geométricamente en su plato. Creo que pensamos lo mismo. Todavía podríamos con ellas. Pero lo realmente curioso ocurrió al salir del restaurante. Los dos detuvimos el paso. Nos miramos y sonreímos a la vez. Nos señalamos con el dedo a modo de reclamo y exclamamos al unísono: ¡Pepe Carvalho!

Barra de bar que recibe a los comensales en Can Solé.
Lugar de apariciones y reposo de espectros
¿literarios o reales?



martes, 17 de enero de 2012

Lise Ricol: memoria vivida de un siglo de lucha

Lise Ricol: Un grato bocado a la salud de la última brigadista
Brigadistas desfilando por las calles de la Nueva York de La Mancha
Trabajar en Moscú en pleno corazón del Komintern; vivir en primera persona la lucha por su supervivencia frente al fascismo de la joven República Española; participar en la clandestinidad de la resistencia francesa frente a los nazis; sobrevivir a un campo de concentración alemán durante la Segunda Guerra Mundial y ser objeto de las purgas estalinistas no son circunstancias que mucha gente pueda reunir en su curriculum vitae.Aunque afirme a voz en grito su origen aragonés, lo cierto es que Lise Ricol nació un frío 15 de febrero de 1916 en la localidad francesa de Montceau-les-Mines. Se trata de la última mujer superviviente de entre todas las brigadistas que lucharon contra el fascismo en la trágica España de los años treinta. Hoy y gracias a un magnífico y muy documentado artículo, que se publicó el 11 de diciembre pasado por Jesús Rodríguez en http://elpais.com/articulo/portada/ultima/brigadista/elpepusoceps/20111221elpepspor_11/Tes la historia de esta valiente vuelve a desgranarse, y con ella la del siglo que le tocó vivir.

"Soy aragonesa" afirma al entrevistador con voz poderosa
Su biografía es tan significativa que podría sustituirse la lectura de cualquier grueso manual de Historia del siglo XX por una conversación con la protagonista sobre su pasado. Hablamos de una de las hijas de Federico Ricol Gargallo y Francisca López López, naturales respectivamente de Cuevas de Cañart y de Dos Torres de Mercader, ambas pequeñas poblaciones del Maestrazgo. Éstos contraen matrimonio en 1911, un año antes de partir hacia Francia a buscarse un porvenir como tantos de sus vecinos. Es entonces cuando viene al mundo y por influencia ideológica doméstica ingresa en la Juventudes Comunistas en 1931, a la temprana edad de quince años. La historia personal se une a la Universal cuando en 1934 decide trasladarse a Moscú por encargo del Partido Comunista Francés para trabajar en la sede del Komintern como mecanógrafa y traductora. Con sus dieciocho añitos en Moscú asiste a una lección magistral sobre el sistema soviético, a la vez que aprende que una mujer puede desarrollarse en el mundo más allá que cómo esposa. De hecho se divorcia de su marido, un francés miembro del Partido y conoce al intelectual checo Artur London, quien sería su compañero hasta su muerte.
Romance con el checo Artur London en Moscú
La Historia se precipita en un mundo convulso y tras el fallido golpe de Estado fascista en España contra la República, la situación se enquista en una guerra civil que divide el territorio nacional. Tras la firma del vergonzoso y nunca respetado Pacto de No Agresión las potencias fascistas europeas otorgan su apoyo al general Franco, mientras que las democracias ignoran la petición de ayuda republicana. Pero de manera individual y a título personal, gentes de todo el mundo, con la oposición al fascismo como nexo de unión, formarán las Brigadas Internacionales conscientes de que en el territorio español se estaba planteando un avance de lo que vendría después a nivel mundial. Nuestra Elisa acude como brigadista a la sede de las Brigadas. Pasará parte de la guerra en la Nueva York de La Mancha hasta la disolución de los brigadistas, cuando regresa a Francia para colaborar con la resistencia, que ya se había organizado contra la ocupación nazi del territorio. Apresada por los alemanes, es internada en el campo de Ravensbruck en agosto de 1942, conociendo en carnes propias las atrocidades cometidas por los nazis.

Gran Hotel de Albacete. Residencia de los dirigentes brigadistas
Acabada la guerra la vida no se relaja demasiado para nuestra amiga. Ya en 1949 Artur es nombrado, nada menos que viceministro de Asuntos Exteriores checo, en un momento donde el estalinismo soviético asfixiaba desde Moscú los aires soberanistas de las Democracias Populares. Pronto lo supo la pareja, porque en 1951 el político fue objeto de una de las purgas del férreo dictador. Concretamente en el llamado Proceso Slansqui. Condenado a prisión permanece recluido hasta 1956. Tiempo que aprovecha para relatar los abusos del régimen estalinista y criticar el sistema totalitario en el que se había convertido el sueño igualitario soviético. Las dos siguientes décadas, hasta la muerte de Artur London, la pareja residirá en París. Elisa recogerá en su proyecto La madeja del tiempo todas las vicisitudes que pasó en su complicada trayectoria vital. Están divididas en dos volúmenes: Roja primavera en 1996 que abarca los años convulsos hasta la caída de la República y Memoria de la resistencia en 1997.

Artur sufrió las purgas estalinistas en el Proceso Slansqui de 1951
El rojo de las cerezas (http://elrojodelascerezas.blogspot.com/) , es el título de un documental dirigido por Emilio Garrido bajo el patrocinio del Programa Amarga Memoria del Gobierno de Aragón y otras entidades y medios de comunicación. El él, Carlota Garrido es una estudiante de Historia que, acompañada de su amigo y cámara Albert Oroval, acuden a París a entrevistarse con Lise. Allí la anciana narra los episodios más relevantes de su vida y los protagonistas se trasladan a los escenarios de su vida en busca de las huellas de su historia.
Mesa del Restaurante Borago donde advertí la voz de Elisa
En estas cuestiones del pasado y la frágil memoria me encontraba yo el sábado, cuando acudía al Restaurante Borago, sito en el local que antes ocupaba la Cervecería Cruz Blanca, de nuestra capital del Ebro (Calle Teniente Coronel Valenzuela, 13 http://boragorestaurante.com/),  dispuesto para una celebración muy especial. La noche comenzó como tiene que ser. Las copas de buen vino se sucedían y el ambiente acompañaba para la ocasión. El local reproduce la escenografía de una antigua cervecería de las clásicas. Los techos esculpidos con bellas molduras, las monumentales lámparas y apliques que te sumergen en antiguos mundos, una larga barra de mármol repleta de bocados suculentos y decenas de grupos de amigos dispuestos a la acción de sábado noche ambientaban la zona superior del establecimiento. En la planta baja media docena de mesas bien presentadas componen un comedor realmente excepcional.

Pan de hogaza y aceite de Tarazona
Tomamos posesión de nuestra mesa reservada y decidimos con qué propuestas queríamos que el chef, José Andrés Olivar, nos sorprendiese en aquella velada. Su recorrido en solitario, unido a sus antiguas experiencias en el LillasPastia y La Granada, cuando brillaban dentro del panorama gastronómico aragonés, garantiza un nivel muy alto. La cena resultó un éxito, pero dejaré para otra ocasión su comentario, pues lo que quiero traer aquí es el extraño suceso que me aconteció durante la misma. Y no fue necesario esperar mucho, pues antes de que llegara el entrante en forma de risotto trufado con foie ya había tenido una experiencia extrasensorial de categoría superior. Serían los efluvios del caldo o la impresión que me causaron los aperitivos de bienvenida los responsables de mi viaje astral, pero puedo asegurar que las imágenes que desfilaron ante mis ojos en medio del jolgorio fueron tan reales como la Presa ibérica con patatas trufadas y chutney de pera de la que di cuenta momentos después.
No llevaría ni mediada la segunda copa de blanco borgiano cuando el recuerdo de Lise se apoderó de mí y la sentí tan cerca que me parecía poder oír su voz por encima de las conversaciones de la mesa. Pero no era la anciana que había visto en el reportaje o en el documental días antes, sino una joven y poderosa mujer. Vestida en un severo blanco y negro, hablaba con un timbre poderoso que otorgaba seguridad a sus palabras. Me costó distinguir el contenido de las mismas, pero pronto advertí que no se referían a ningún capítulo de su pasado, sino que repetían una y otra vez la respuesta que daba en la entrevista a una pregunta que me había pasado inadvertida hasta el momento. Embrujado por la narración de su vida no me había dado cuenta de aquella pequeña cuestión. El periodista, al final de su conversación con Lise, le plantea a la antigua brigadista sobre su posicionamiento político actual, y la respuesta no deja de ser harto interesante: “Soy comunista, pero no por política; ya rompí el carné. Lo soy por no traicionar el recuerdo de aquellos camaradas que compartieron nuestros sueños y murieron por la libertad”.

Brigadistas en apoyo a la democracia española frente a los sublevados
Toda una lección de vida, una guía para no perder el norte. Por mi parte, y con el permiso de Lise, yo me adhiero a su club. Aunque soy un amante extremista de la libertad individual y desconfíe de los regímenes totalitarios que se autodefinen como comunistas, hoy me siento también comunista. Como Lise, ya no se trata de motivos políticos, sino de afinidades personales. Si comunistas se sentían las decenas de miles de brigadistas de todo el mundo que decidieron aparecer por Albacete en aquellos aciagos días, hoy me siento comunista. Si comunista se declaraba el compañero checo de nuestra protagonista en sus años de prisión, purgado por la tiranía estalinista, hoy me siento comunista. Y si comunista se sentía esta descendiente de emigrantes aragoneses que sufrió en sus carnes los episodios más salvajes del siglo más sangrante, hoy me siento comunista.

Borraja, Martini y esferificaciones. Sabor a tierra y cantina
Al regresar al mundo el camarero estaba sirviendo, sifón en mano los aperitivos del chef. Se trataban de unos tallos de borraja en tempura dispuestos para ser untados en salsa de soja, un chupito de Martini rojo con esferificación de aceituna, y lo mejor, unas enormes porciones de buen pan preparadas para ser sumergidas en unos cuenquitos de aceite de oliva virgen extra de Tarazona. Productos aragoneses que disfruté en homenaje a Elisa Ricol. Sabores a tierra antigua, a taberna de pueblo. La miga de ese pan se empapaba con el aceite denso arrebatado a la fuerza a olivos centenarios. Memorias. Arrebatadoras memorias.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Las dos Barcelonas (del casticismo al snobismo)

Barcelona y sus almas
(Degustaciones en Casa Leopoldo y en el Mercat de Santa Caterina y otras tonterías)


El bacalao de Casa Leopoldo responde al espíritu multicultural de Barcelona
La razón por la que escribo hoy estas líneas es la de tratar de explicarme a mí mismo de dónde viene el amor que profeso a la ciudad de Barcelona. Bien pudiera ser por el clima; o por la ligazón que mi tierra, Aragón, ha tenido con ella a lo largo de la historia; su visión cosmopolita me apasiona tanto como la belleza de sus rincones; el sentido de urbanidad de sus ciudadanos es enorme, pero no supera a su orgullo mediterráneo. Todo ello se me hace atractivo, pero otros lugares hay con las mismas características y no me magnetizan de ese modo.
Diseño y arquitectura inquietante se conjugan bajo la cubierta del Mercado de Santa Caterina
La razón verdadera creo haberla sacado de mi última visita. Después de vivir tres años en ella y de cientos de viajes a sus rincones creo haber descubierto el secreto, nada menos que la contradicción. Y es que recién cumplidos los cuarenta uno comienza a descubrirse a sí mismo. Mejor dicho, uno comienza a aceptarse tal y como es. Vivo en la contradicción y, por qué no decirlo, me encuentro bastante cómodo en ella. Se me podría acusar de falta de integridad o de valores inmutables, pero nunca de hipocresía. Lo que hoy veo blanco y alegre, mañana me resulta de una oscuridad insufrible. Géminis es el símbolo de la paradoja al modo que los orientales aceptan una realidad dual. Mi espíritu lo es del mismo modo, siempre en búsqueda de un equilibrio de opuestos que jamás se resolverá. Barcelona simboliza como ciudad, y más que ninguna otra, esa doble faceta sin ambages ni complejos. Al igual que un servidor, la capital catalana es castiza y moderna. No hay medias tintas.
Restaurante del mercado. Estilo internacional moderno y concepto novedoso
Existe una ciudad condal castiza, charnega, universal, populachera, bulliciosa, amante de la jarana y los olores fuertes, tradicional y purista que convive sin peleas vanas con otra snob, moderna, occidental, aséptica y culta, engalanada en perfumes y música. Para no perdernos en la identificación de las dos caras de la urbe he considerado exponer a modo de comparación nueve bloques temáticos(como las letras de su nombre) en los que cada identidad de Barcelona se muestra opuesta a la otra. Por último y a modo de símbolo relataré una experiencia gastronómica para cada uno de los dos mundos. No se trata de comparar ni de defender una u otra, pues a mí me atraen las dos con la misma fuerza. Con ambas simpatizo y a ellas va dirigida esta broma con cariño.
1.            Barrios: Bien pudieran ser otros los elegidos, pero por afectos personales me decanto por identificar la ciudad castiza con el barrio del Rabal y el Borne para la urbe alternativa. El Rabal comprendido entre las Ramblas y el Paralelo abarca el espíritu de mezcla, convivencia y globalización de la Barcelona eterna. Barrio de libertad, acostumbrado a recoger marineros del puerto que bajaban a tierra firme a fundirse sus cuartos en placeres mundanos y llenar de aventuras exóticas sus rincones. Acoge hoy a una pléyade de inmigrantes del mundo que aportan un sabor y espíritu abierto que se mastica por las aceras. Gente acostumbrada a la vida de la calle que revitaliza la zona. Bares regentados por chinos, pakistaníes, árabes o turcos colorean un panorama alegre para cualquier espíritu curioso y carente de prejuicios. El Borne sería el contrapunto, pues aunque otrora zona envejecida y olvidada por la ciudad, en estos días se ha convertido en ejemplo de reconversión urbana. Desde hace una década el barrio se puso en el punto de mira de toda una tribu de artistas, diseñadores, culturetas que atrajeron comercios modernos de estilo internacional. Estudiantes, bohemios, extranjeros curiosos y personajes peculiares ponen la nota snob.
Calles del Raval. Las sábanas multicolor hacen justicia a la composición social del barrio
2.            Mercados: Por no salirnos de los barrios citados, dos mercados simbolizan el antagonismo que hoy queremos destacar. El mercado de Sant Josep (La Boquería) representa el carácter populachero de la Barcelona de comienzos del tercer milenio. Sus fuertes olores y ruidos ensordecedores atacan al visitante y le predisponen para la algarabía y el bullicio. Sus productos y las voces que se escuchan por sus largos pasajes proceden de todos los rincones del mundo. Desde la butifarra ampurdanesa y el fuet de La Plana hasta el dátil saharariano o la papaya indochina, cualquier alimento del orbe está representado en esta alacena de la urbe. Mientras tanto junto a la Vía Layetana, limitando al Borne, nos encontramos con el Mercado de Santa Catarina. Moderno, con una característica techumbre obra de Enric Miralles, Benedetta Tagliabue, representa el espíritu moderno. Mucho más orden en sus propuestas, se respira la tranquilidad y limpieza de cualquier mercado de abastos europeo. La variedad de sus productos no puede competir con la de La Boquería, pero suficiente para poder hablar de un elenco de productos de calidad, bien presentados y a precio razonable. Basta una visita exprespor ambos mundos de abastos para absorber el alma dual de la ciudad. Una tapita en el Pinocho (taberna estrella de La Boquería) o en el vanguardista bar de Santa Caterina nos dejarán masticar las diferencias con excelentes sensaciones.
Mezcla de detalles nórdicos y aeroportuarios. Entrada al mercado
3.            Banda sonora: Si tuviésemos que representar mediante música la oposición de caracteres de la ciudad el elenco de candidatos sería enorme. Un par de referencias nos ayudarán a esclarecer las diferencias. La Barcelona populachera y tradicional se vería acompañada por los ritmos guitarreros y rumberos de El Peret o los Manolos, mientras que la selecta ciudad exquisita y culta lo sería con las letras originales e inquietantes de Manel o el ritmo eléctrico de Facto Delafé y las Flores Azules. Ambos mundos valiosos, ambos representantes de la ciudad, ambos símbolos de barcelonismo hacia el exterior, pero opuestos y ajenos uno al otro como el agua y el aceite.
El Peret representa la esencia de la Barcelona eterna

Nuevo valor creativo. Renovación cultural fresca y mediterránea
4.            Calles principales: Un paseo por la multicultural Ronda del Rabal y por la remodelada calle del Comerç nos permitirá vivir las diferencias a ritmo de zapato. Locales de comida rápida, mostradores de alumnio o incluso de cinc, coladas secándose en tendedores sobre las aceras en el primer caso. Establecimientos gourmet, gastrobares y cafeterías con indispensable zona wifi y sofá para las posaderas, nuevos enrejados de forja cerrando ventanales de doble capa para aislar la domus de la calle en el segundo. La diferencia entre la castiza Casa Leopoldo y el modernísimo Comerç 24 serían ejemplos de lo dicho.

Carrer del Comerç. Limpieza de cara de una arteria del barrio más alternativo

Comerç 24. Propuesta gastronómica sita en la calle homónima.
Simbolo de modernidad y vanguardia
5.            Películas: Aquí el tema está más que claro. Además nos lo ayuda a desentrañar un viejo amigo de este foro, Javier Bardem, canario con fondo madrileño afincado en EEUU. Protagonista de dos filmes de excelente calidad. El enfoque narrativo está tan lejano en ambos casos que parecen hablarnos de dos lugares distintos. Pues resulta que la verdadera protagonista de ambas películas es la misma: Barcelona. Por un lado la realista, crítica y mundana Biutiful nos sitúa en una calles duras e invivibles. Sus personajes luchan por sobrevivir en una sociedad hostil frente a la aparente frivolidad de la otra propuesta: Vicky, Cristina, Barcelona. Woody Allen y González de Iñárritu tienen formación, origen e intereses distintos, pero ambos caben en el imaginario urbano de nuestra Barcelona. Ambas existen y aparecen certeras en ambas obras.

Director y actor en las calles barcelonesas
Universalizan una ciudad dura y real

Woody es un enamorado del sabor y la luz de Barcelona.
Otro que no es tonto
6.            Mundo taurino: Por afinidad un servidor se encuentra más cercano a la posición antitaurina generalizada en la ciudad, pero dogmatismos los justos. No hay quien niegue la tradición taurina de Barcelona, así como la carga política interesada del tema tal y como se plantea hoy. Que es un claro caso de antiespañolismo lo vemos en el escaso rechazo que los antitaurinos profesan por otras brutalidades contra los animales bendecidas por el nacionalismo excluyente.  No puedo apoyar una actividad que se fundamente en la tortura a un animal, así como tampoco puedo apoyar posturas tras las que se esconden la defensa de cualquier bandera. Por ello el tema ni me va ni me viene, me limito a apreciar con cariño un movimiento que lucha por el final del maltrato animal, signo de cultura y progreso, del mismo modo que siento  simpatía por los amantes de un mundo popular que, pese a muchos, existió y que todavía conserva fervor en parte de la sociedad barcelonesa.

José Tomás en su Coso talismán. Ya es historia
7.            Cómic: Aquí el tema es divertido de verdad. El esfuerzo que me supone encontrar un cómic que represente a cada una de las ciudades condales que conviven en sus calles es mínimo. Makinavaja de Ivá clama a gritos representar a la Barna suburbial, a la pringosa y populachera barra de bar de cerveza y cacahuetes, al submundo tantas veces ilustrado por la literatura, a la época de los quinquis vaquilleros y al olor a cloaca y rumba de sus esquinas. Para la otra urbe debo dar un salto mortal del mundo subhumano al de los superhombres, con un personaje tan altivo y elegante como Batman. En su  el hombre murciélago sobrevuela las calles de la ciudad en una aventura memorable, recreando un paisaje de edificios modernos y unas panorámicas del diseño puntero que se estila por doquier. Las dos Barcelonas aparecen orgullosas de su idiosincrasia y tan reales que la verosimilitud de las aventuras es total.

Siempre actual, vivo y necesario. Superhéroe de barrio

Elegante, distinguido y todopoderoso. Musculatura de gimnasio snob
8.            Plumas: El selecto club de la famosa fotografía de Casa Leopoldo nos evoca una Barcelona con tintes tan castizos como surrealistas. El premio Planeta les ha ido cayendo a todos ellos a base de describir una ciudad ruidosa, con unos bajos fondos que le otorgan categoría universal. Si tuviese que decidirme por una novela emblemática del tema que tratamos para cada uno de ellos lo haría de este modo. Los mares del Sur para Manolo Vázquez Montalbán, Un día volveré para Juan Marsé, cualquier artículo sobre sus calles de Maruja Torres y cómo no, La ciudad de los prodigios para Eduardo Mendoza. Tienen muchas más donde dibujan la ciudad universal, alocada, excéntrica y ruidosa, pero esas serían mis elegidas. Para mostrar la faceta más chic me iría al campo de la poesía para hablar de un duo muy especial, Afterpop Fernández & Fernández, duo compuesto por Agustín Fernández Mallo y Eloy Fernández Porta. Forman un spoken Word totalmente vanguardista y filigranero.Gallego el primero, autor del famoso Proyecto nocilla, y catalán el segundo más centrado en la experimentación con el mundo de los relatos y la crítica literaria; fueron unas de las estrellas que animaron el Certamen de poesía de Barcelona que tuvo lugar el pasado mayo con su actuación emblemática en el Palau de la Virreina.

El dúo Fernández recibió una gran acogida del público más selecto de la ciudad
9.            Platos: Para poder comparar bien en un solo bocado ambos mundos he elegido dos elaboraciones basadas en la misma materia prima: la carne picada. La Barcelona barriobajera tiene sabor a albóndiga, una de las especialidades de cualquier taberna popular en el ámbito nacional. La otra cara de la moneda nos la aporta la hamburguesa. En concreto, las mejores hamburguesas de Barcelona se encuentran en el Bacoa de la calle Colomines, en pleno corazón del Borne. Elaboración importada de sociedades avanzadas. Símbolo de una cultura internacional con fundamentos cinematográficos. Aquí uno no puede permanecer neutral, pues aunque valore el producto de fast food e incluso lo disfrute muy de vez en cuando, soy, lo que se puede decir, un albondiguero redomado e irredento. Sirvan las dos propuestas que se recomiendan saborear en el mismo día para poder comparar.

Dos propuestas culinarias para dos mundos que conviven ignorándose entre ellos. Fueron disfrutadas junto a mi sobrino de 11 años en unos fríos comienzos de diciembre. Tanto tío como sobrino comprendieron y disfrutaron el espíritu contradictorio de la ciudad
Cena tradicional en casa Leopoldo:


Pan con tomate especial de la casa
 

Media ración de Bacalao a Brass (especialidad portuguesa que bordan como nadie)


Media ración de calamares con harina cordobesa...

...y all i oli de acompañamiento
Dos raciones de las famosas albóndigas con sepia y gambas

Crema catalana

Comida en el Mercat de Santa Caterina:
Pan de payés de horno de leña
Huevos rotos con patatas, hongos y butifarra negra
Solomillo de buey con salsa bearnesa
Crema catalana

viernes, 30 de septiembre de 2011

Cultura del exceso. Tres tapas para Terenci Moix (Ocho años sin él)

  Cultura del exceso. Tres tapas para Terenci Moix (Ocho años sin él)

Excesivo, apasionado, enamorado, mediterráneo... 
Y ya van ocho años sin Terenci. Parece que fue ayer cuando nos dejó uno de los espíritus mediterráneos confesos más militante. Será por su enorme sombra, pero el olvido y el sentimiento de ausencia tardan en aparecer entre sus practicantes. Si se ha escogido esta palabra no es por casualidad, pues pudiendo calificar a su grey como lectores, sólo se destacaría su faceta literaria; si hablásemos de amigos, se limitaría la concurrencia a quienes tuvieron la suerte de cruzarse en su vida; si de seguidores, igualaríamos la terencimanía a cualquier afición a un equipo de fútbol. Preferimos el término practicante porque lo verdaderamente destacable del autor es su propia experiencia vital. Guiada por una escala de valores donde la amistad se situaba en lo más alto. El disfrute físico y el placer espiritual son los objetivos de cualquiera de sus empresas. Portó sobre sus escuálidos hombros todo el peso de su civilización. Milenios de sabiduría y errores, de guerras y ternuras, de comercios y hambrunas, de progreso y devastación y de luces y sortilegios le acompañaban en su día a día. Consciente de ello, en un continuo acto de justicia histórica, se dedicó a acumular, interpretar y rescatar todo el bagaje cultural de sus ancestros. Modernizó mitos y mitificó realidades contemporáneas. Trabajador anárquico, voluptuoso y compulsivo. Narra como respira, como necesidad y como acto reflejo. Nos cuentan sus acompañantes que miles de historias eran volcadas de manera incesante. Unas sobre papel, pero las más eran compartidas oralmente en sus círculos sociales. El lector o espectador de las mismas las acompaña con el corazón en un puño, casi en estado de hipnosis. Las aliñaba con tanto saber hacer, que era imposible escaparse a su embrujo.

Nadie describirá la necesidad de disfrutar la vida como
el maestro: Cavafis
Si hoy le homenajeamos aquí es por una de sus múltiples facetas. La desmesura y el exceso a la hora del disfrute. No es casualidad que eligiese uno de los versos del poeta Cadafis para extraer el título de una de sus más grandes obras. No digas que fue un sueño. 

“Cuando a medianoche se escuche
pasar una invisible comparsa
con música maravillosa y grandes voces,
tu suerte que declina, tus obras fracasadas
los planes de tu vida que resultaron errados
no llores vanamente.
Como hombre preparado desde tiempo atrás,
como un valiente
di tu adiós a Alejandría, que se aleja.
No te engañes NO DIGAS QUE FUE UN SUEÑO.
No aceptes tan vanas esperanzas.
Como hombre preparado desde tiempo atrás,
como un valiente
como corresponde a quien de tal ciudad fue digno
acércate con paso firme a la ventana,
y escucha con emoción -no con lamentos
ni ruegos de débiles- como último placer,
los sones, los maravillosos instrumentos de la
comparsa misteriosa
y di tu adiós a esa Alejandría
que pierdes para siempre”
CAVAFIS, El dios abandona a Antonio

Quizá nunca se haya acertado de manera tan incisiva a la hora de expresar el clásico y mediterráneo Carpe Diem desde tiempos de Horacio. “Acércate a la ventana y escucha con emoción (…) como último placer (…)”. Todo un simposio de vida y una lección. Sobran los veinte millones de libros de autoayuda que se escriben al año. Las listas de espera para las consultas de psiquiatría se aligerarían sobremanera con la difusión de estos misteriosos versos. La misión: afrontar la vida de manera valiente, agarrándonos a todo aquello a lo que podamos asirnos hoy, porque sabemos que desaparecerá. El sabor agridulce de la despedida se torna aquí exquisito gracias a la conciencia de saber quiénes somos y para qué estamos aquí en este momento.
Terenci lo sabía, y como apreciamos en el texto de su, ya clásica, novela, se derrite describiendo la abundancia de manjares como símbolo de aspiración humana. Una visión racional y calculada de la vida no dejaría de sentir desagrado, y hasta repulsa, ante una descripción como la que sigue. Pero a los practicantes de una vida bajo la dictadura de lo emotivo y de la falta de planificación, unas líneas así nos provocan salivación y crujido de tripas. ¿Qué le vamos a hacer? Dejemos que hoy Terenci nos provoque hambre, que al fin y al cabo, es una de las sensaciones más auténticas e indomables del ser humano. A cambio y en su honor, vamos a dejarle junto a su recuerdo unos bocaditos, dignos del mejor de los mediterráneos, dignos de un emperador del sentimiento.

Dos palabras que nuestra civilización lleva marcadas
a fuego en su piel. En la arena de su mar

“Las magias de Cleopatra también recuperaron para Antonio los más deslumbrantes galardones de la gastronomía. Reorganizó la Sociedad de la Vida Inimitable que Antonio inventó años atrás, en el curso de cierto invierno famoso; la sociedad que atrajo a los festines del gran palacio de Alejandría a los comensales más exquisitos, cuando no los más desaforados. Y al renacer aquella sociedad en el palacio de Antioquía, muy selectos huéspedes asistieron a las más extraordinarias proezas: se vio a un venado de cuyo vientre surgía una gacela de cuyo pecho aparecía a su vez un faisán que al abrirse dejaba salir una paloma con los pulmones rellenos de ostras rebañadas en jugosas mixturas de hígado de oca. Se vieron corzas gigantescas devoradas en un instante, salsas exóticas surgiendo a borbotones de las bocas de los comensales, crustáceos del tamaño de los hipocentauros y pulpos cuyos tentáculos abarcaban toda la extensión de una enorme mesa de hierro forjado.

Años antes, en Alejandría, los excesos gastronómicos de la Sociedad de la Vida Inimitable habían dado lugar a las más pintorescas conjeturas. Un testigo excepcional, el médico Filotas de Amfisa, tuvo ocasión de comprobar la veracidad de las mismas. Pues habiendo trabado amistad con un oficial de las cocinas reales, éste le deparó la oportunidad de visitarlas. Y allí, entre otros muchos manjares, el médico descubrió cinco enormes jabalíes que los esclavos estaban asando en broquetas no menos gigantescas.

Entonces el médico expresó su admiración por el número de comensales que llenarían de boato los salones de Cleopatra. El oficial se echó a reír y contestó: «No es un festín tan espléndido, pues se limita a una docena de invitados. Pero cada plato ha de tener tal pucho de perfección que al instante de servirlo podría marchitarse. Y si Antonio pide su cena en este mismo momento, pero de repente tiene algún antojo o desea entregarse a la bebida y, por tanto, deja de lado el plato, es preciso tener preparado otro para servírselo no bien se le antoje. Por lo cual entenderás que es necesario tener preparadas varias cenas a la vez, ya que resulta imposible adivinar la hora exacta en que puede producirse el capricho...”

Terenci Moix, No digas que fue un sueño.
Alto Nilo- Ventalló-Barcelona, 1986.

Tapas de agradecimiento: Zapatillas de jamón de la calle Laurel, Canelón de pintada, boletus y trufa de Casa Pedro y Pulpo a la gallega de la Pulpería O´Cachelo

Ésta por popular y festiva
Zapatilla de jamón

Ésta por sofisticada y delicada.
Canelón de pintada de Casa Pedro

Y ésta por clásica.
Pulpo a la gallega de O´Cachelo