lunes, 5 de septiembre de 2011

Delta del Ebro y Casa Nuri

Delta del Ebro y Casa Nuri


Delta del Ebro
 El Ebro: aguas mediterráneas
Comienzo el recorrido por los rincones de nuestro viejo mar con una nota sentimental. Son los recuerdos de infancia que me asaltan cuando bajo la guardia y ya no hay manera de espantarlos que no pase por afrontarlos de cara y sin miedo a caer en la nostalgia. Me viene a la mente la postal de un niño surcando las aguas del Delta del Ebro en un barco. El viento azota su rostro arrancándole lágrimas que se secan con rapidez, antes de que empapen sus mejillas. Pese a ello, los ojos terriblemente abiertos para no perderse todo aquello desconocido, que la naturaleza le arroja con una generosidad desbordante para un chaval urbano de principios de los ochenta. Un desfile de juncos, siluetas de peces bajo el agua terrosa, patos, anguilas y enormes aves blancas discurren por el camino que transporta al niño desde la realidad hasta mundos fantásticos. La meta de éste viaje iniciático era desconocida cuando comenzó. El regalo del río a su hijo aparece semioculto entre las brumas de los humedales arroceros: la Isla de Buda. La magia del nombre y la imposibilidad física de acercarse a ella convirtieron este pedazo de tierra en un lugar de evasión para el niño. Si todas las sociedades tienen su Ítaca, su Atlántida o su Avalon custodiado por enigmáticas sirenas, guerreros o hadas, la imaginación del personaje de nuestra foto pronto se adueñó de la Isla como su referente. Fue el lugar de huida  donde tantas veces acudió para esquivar los peligros que le acechaban. Una barrera invisible evitaba que alguien pudiese interrumpir la paz que siempre reinaba en la isla.

Isla de Buda
Refugio infantil
Con el tiempo el niño creció, y en su ingenuidad creyó que podría volver a alcanzar su rincón secreto sólo con acudir de nuevo a él. La barca mítica pasó a ser una golondrina desvencijada y sin ningún parecido con la goleta que surcaba las aguas por su recuerdo. La oscuridad del agua no era provocada por la tierra que arrastraba sino por enormes cantidades de basura y manchas de aceite que viajaban hacia el mar. Un olor terrible a humedad y peces muertos impedía cualquier sentimiento romántico hacia el lugar. La imposibilidad de alcanzar la isla se debía, no a una fuerza superior que la protegiese, sino a la prohibición que establecía su reconocimiento como zona ecológica protegida, con enormes multas para quien la quebrantase. El nuevo viaje acabó en ruina. La Icaria del personaje desapareció con su niñez.
 
Con el tiempo, la memoria
deforma el recuerdo.
Golondrina recorriendo el Delta

Patos, anguilas, golondrinas...
La naturaleza se desborda
Rescato el Delta del Ebro como uno de los rincones más bellos y simbólicos de nuestra vertiente mediterránea por dos razones principales:
1.      Su situación geográfica sitúa el delta como nexo de unión entre la cuenca del Ebro y el Mare Nostrum. Es la prueba física de que nuestro ámbito cultural más enraizado es el mediterráneo. Los habitantes de las riberas iberas pertenecemos a ese mundo por derecho propio. Ni europeos, ni bárbaros, ni mucho menos atlánticos. Poseemos todas las cualidades propias del entorno. Somos viciosos, mentirosos, pendencieros, crápulas, vividores, manirrotos, sentimentales, enamoradizos, desmedidos, excesivos, valientes, independientes, amantes de la libertad y el buen vivir, y sobre todo buenos amigos de los nuestros. Así que sin temor a equivocarme reivindico este rincón como punto simbólico, y casi sexual, de nuestra pertenencia a ese mar. El nuestro.

Ruta hermosa entre humedales y arrozales

Postal tarraconense

2.      A modo de agradecimiento a la voz que me ha sugerido este lugar cómo símbolo mágico (voz que se escucha con fuerza en  http://comedieta.wordpress.com/) le ofrezco, como un exvoto,  una recomendación culinaria donde se puede apreciar el segundo motivo que queremos destacar para la elección de este rincón. La dirección es Carretera Ruimar s/n, no tiene pérdida porque está junto al muelle desde donde zarpan las golondrinas que ofrecen paseos por el Delta. El nombre todavía se mantiene en aquel recuerdo infantil: Casa Nuri. Y la razón de elegirlo no es porque tenga el mejor arroz a banda del orbe, aunque puede competir con cualquiera, sino porque en su carta se representan en un perfecto equilibrio todas las fuerzas del cosmos. El aire: guisos de pato (no hay temor ecologista, pues los crían junto al restaurante) suculentos, repletos de oscura carne que casi amarga de potencia. El agua: calderetas de marisco y de gelatinosas anguilas que inundan la sala de aromas del mar cada vez que salen de la cocina. Tierra: cualquier arroz, en especial el sencillo a banda, rinde culto al consumo de proximidad, pues se pueden ver los campos sólo con levantar la vista hacia la ventana tras cada bocado.

Casa Nuri: síntesis de los elementos cósmicos

Guiso gelatinoso de anguila
Humildemente lanzo dos ruegos para todo aquel que se acerque al lugar. En primer lugar no me hagan responsable si  el viaje no cumple las expectativas que aquí se prometen. Recuerden que lo descrito en estas líneas responde a viejos recuerdos, y como tales casi siempre engañosos. La segunda petición es algo más etérea. Si es posible, al divisar la Isla, vuelvan la mirada hacia su pasado y traten de rescatar aquel lugar de refugio que todo niño esconde. Y si es posible recobren el sosiego que les ofrecía. Cual Nirvana para el monje budista recuperaremos el equilibrio que esta pobre vida nos arrebata.

5 comentarios:

elena dijo...

Qué buen principio!!!!

Marisa dijo...

te seguia antes y te sigo ahora que vaya todo estupendamente me gusta el comienzo.besicos

José Luis Pueyo dijo...

En su momento estuve en los dos lugares que refieres en tu crónica en mi recorrido del camino del Ebro (GR99). Comparto al 100% tus vivencias y reflexiones. Un saludo. José Luis Pueyo

Liacice dijo...

Cuando digo yo que lo nuestro es el DESTINO (mayúsculo). Telepatía pura. Pensé en croquetas y las encontré magníficas en vuesta anterior aventura; andaba recogiendo lo más granado (o no) de la tortillería hispana y local, abro vuestra rentrée y me topo con una vegana superior. Pensamiento simultáneo (aunque dudo que pueda llegar a vuestro nivelón). Ahora, al mediterranear, me ofrecéis en bandeja mis lugares emblemáticos de cada verano... Lo nuestro tenía que ser -como dice la folclorada- aunque entre uno y el otro levanten una pared (en este caso, un servidor). Je, je.
¡Chapeau!

David dijo...

Si te parecen casualidades espera a ver lo que saco esta noche, aunque ahí hay trampa porque el cocinero me dió recuerdos para ti. Jijiji