viernes, 3 de febrero de 2012

El perro de Goya: dentelladas de humanidad

El perro de Goya


Cual perro anodadado la sociedad toma conciencia

Ya sé del carácter incendiario de estas líneas de hoy, pero es que la cosa no está para matices. Quiero traer aquí una de mis pinturas fetiche por lo útil que resulta para definir el panorama actual de nuestra sociedad. Poco a poco se van acumulando los comentarios a pinturas y artistas relevantes para comprender al ser humano y sus sueños. Resulta una obviedad rescatar a nuestro artista universal de Fuendetodos en este tipo de enumeraciones, pero una sociedad tan desmemoriada como la nuestra, necesita de vez en cuando que se le recuerden sus orígenes y fundamentos.


Interpretaciones para todos los gustos. Antonio Saura

No voy a traer aquí la vida y obra del malhumorado maestro, porque para asuntos eruditos existen foros excelentes que harán las delicias de los devoradores de datos y fechas. De hecho sólo quiero rescatar una de sus pinturas. Se le adjudicó el ingenioso  título de El perro semihundido. Se trata de una de las llamadas pinturas negras realizada en la conocida Quinta del sordo, vivienda adquirida por el pintor en 1819. Una de las razones por las que me llama la atención esta obra es por su especial composición. El artista fija la atención del espectador en una pequeña cabeza de perro encuadrada en un entorno inquietante y enigmático. La mirada del animal está dirigida hacia un punto indefinido en busca de un objetivo ausente. Las interpretaciones sobre el significado profundo de la obra son de una disparidad enorme, así como las reinterpretaciones del tema por parte de otros artistas. Así que lo único que podemos afirmar sin riesgo a equivocarnos es que se trata de una pintura enormemente sugerente.
Las condiciones en las que se pintó también la hacen especial, al tratarse de una pintura mural que se traspasó a lienzo para su conservación y exposición museística. El hecho interesante es la existencia de una fotografía tomada por J. Laurent en 1874 antes de su traslado del muro de la Quinta. Se puede observar lo que parece un roquedal y unas posibles aves, a las que el can dirige su mirada. El significado se hace menos inquietante y más prosaico. El mensaje oculto se disipa y todo adquiere sentido. Por eso muchas veces la ignorancia es productiva. Los objetos y las abstracciones sólo adquieren relevancia cuando son productivos, por ello, El perro semihundido que a mí me interesa es el que puedo disfrutar hoy en El Prado, y no el original fotografiado hace casi siglo y medio.

Original previo al traslado de la pintura mural
Delante de él, consigo sentir toda la fuerza de la naturaleza y el peso de la civilización condensado en  131,5 × 79,3 cm. Al Goya que me imagino ante él le siento muy cercano pese a los dos siglos que nos separan. Pienso que nuestra sociedad se halla en la actualidad en el mismo punto que el artista ante el estuco de su casa momentos antes de arremeter la obra, expectante. Goya, tras vivir los acontecimientos históricos de su tiempo, adquiere una visión crítica de su sociedad. Al principio denuncia las prácticas irracionales que observa a su alrededor, pero llegará el momento en el que tome conciencia de la imposibilidad de transformar su mundo sin destruir por completo sus cimientos. Es allí cuando abandona sus denuncias y se sumerge en mundos oníricos y simbólicos que reflejan mejor la cruel realidad. Así se nos presenta su perro. Es el momento de la toma de conciencia. Perplejo, con la mirada herida, observa sin concreción todo el horror que le rodea. Comprende la necesidad de acabar con las injusticias y la deshumanización del mundo. El siguiente paso será la dentellada descarnada. Pero al igual que el autor no se ve capacitado para la lucha sitúa al can en los instantes previos a la carnicería. Goya sufrirá desde ese momento dos exilios. Uno interior, sumergiéndose en sus entrañas como rechazo a la triste realidad que no se ve en condiciones de transformar, y uno exterior, trasladándose a Francia en una desubicación sentimental que no le abandonará hasta su muerte.
Nuestra sociedad occidental está aprendiendo a madurar a marchas forzadas como fruto de la presión del sistema que ella misma ha creado. Como en las películas calificadas como de Serie B, donde las máquinas, los muertos o los animales se independizan y se rebelan contra el hombre, el conjunto de instituciones, leyes, mecanismos de producción y comunicación se han independizado de sus creadores. Es más, los han esclavizado liberándose del fin para el que fueron creadas con grandes expectativas. Los Estados ignoran la voluntad de sus fundadores reduciéndolos a súbditos, en palabras de otro aragonés ilustre parecen más dioses que ya no amparan. Las entidades financieras ya no cuentan entre sus objetivos con el beneficio común sino que en un afán acumulativo atroz es capaz de devorar al individuo a cambio de una cuenta de resultados. El mercado global debía facilitar el contacto entre culturas y el fomento de las relaciones entre pueblos, y hoy se reduce a un sistema de explotación puro y duro que exige diezmos a base de amenazas catastróficas y milenaristas.
Una vez hecho el diagnóstico el hombre lo ha intentado casi todo para reconducir el sistema. Ha utilizado el voto, ha salido a la calle embutido en pancartas, ha perdido el tiempo en reuniones y asambleas que analizan una y otra vez el problema sin obtener resultados. Debemos ser realistas y llegar a la posición del perro de Goya. No se puede corregir el monstruoso sistema a base de reformas y pequeños cambios. La socialdemocracia que casi logró un equilibrio entre capitalismo y dignidad, ha sido la primera en sacrificar sus fundamentos a cambio de nada. Su autodestrucción parece inexplicable, su sometimiento a los dictados de los mercados atroz, la infravaloración del hecho político frente al económico es ya tan nítida que no provoca ni debate. La vía de solución política a los problemas se cierra con su suicidio. Pero en doscientos años algo ha cambiado. Ahora estamos en disposición de llegar más allá que el de Fuendetodos.
No hemos podido autoengañarnos mirando a otro lado a base de juegos como la gallinita ciega, las miserias han invadido nuestras amables y bucólicas praderas de juego. Hemos constatado que las peleas a base de garrotazos no han servido para nada, ni entre nosotros mismos, ni ahora que los damos en cabezas ajenas y lejanas. El Estado Saturno continúa devorando a sus hijos a base de desahucios y presiones sobre quienes quieren ajustar cuentas sobre nuestro pasado. Los sistemas fundamentados en la explotación laboral inmisericorde se erigen en guías a seguir por las nuevas legislaciones laborales. La enumeración de desastres podría continuar casi eternamente, pero resultaría reiterativa e innecesaria.
La hora de la dentellada se aproxima
Goya no vio su mundo más negro que el que percibimos hoy, pero debemos avanzar un fotograma más en la figura del perro doscientos años después. Se lo debemos al pasado, nos lo debemos a nosotros, pero sobre todo se lo debemos a quienes dejaremos aquí cuando nos llegue la hora. Hay que lanzar la dentellada. Tenemos que sentir la carne del monstruo entre nuestros colmillos. Podemos invertir la situación y pasar de sentir miedo a provocarlo. Dentelladas rabiosas que adviertan a nuestros abstractos tiranos que tenemos el poder. La bestia no se deja domar, es necesario su sacrificio. Esta vez será a base de colmillos afilados. Ya se oye el rugir del perro…

2 comentarios:

elena dijo...

Ese perro, mira de reojo y espera el momento próximo para lanzarse sobre la presa. No estará solo, será una manada.

J.L. Pueyo dijo...

Amigo David: tal como se ha venido anunciando reiteradamente, el próximo día 14 de febrero (martes) se celebrará la 2ª blogquedada a la que te invitamos expresamente. Hay un cambio en la hora, por motivos de disponibilidad de las salas. Será, finalmente a las 8 de la tarde en el Centro Cívico “Distrito 14″ del Barrio La Jota (Plaza de la Albada). Puedes ver más detalles en: http://bqds.blogspot.com/. Voy siguiendo tus entradas. Cada vez más original. Un saludo. JL Pueyo