lunes, 9 de enero de 2012

Bosque mediterráneo (Masía Can Borrell, Parque Natural de Collserola y reforestación en Peñaflor)

Bosque mediterráneo

Parque Natural de Collserolla.
Envidia de bosque mediterráneo.
Es nuestra decisión que este paisaje vuelva a aparecer junto al Ebro
Aunque no sea habitual en este foro hoy toca hablar un poco de ecología. Con justicia alguno ya se estará carcajeando y no es para menos. No es necesario conocerme mucho para saber que ya me quedan muy pocas cosas en las que pueda militar sin tapujos y a pecho descubierto. Pero  la experiencia le aporta a uno la sabiduría suficiente para comprender que un árbol plantado es más valioso para el futuro del planeta que cualquier revolución a golpe de furgoneta y rasta. Si no podemos entendernos entre nosotros para organizarnos con justicia y libertad, al menos no se lo hagamos pagar al resto del planeta. Con la única pretensión de dejar esto como lo encontramos mi rinconcito de conciencia ecológica quiere contar algo hoy.
Montes inhóspitos de Peñaflor en un día de niebla y frío de noviembre
Una protesta a cara de perro y dos aplausos a un trabajo bien hecho conforman las intenciones de estas líneas. Por empezar por lo positivo, quiero destacar la buena labor de reforestación del bosque mediterráneo autóctono. Labor que se lleva realizando en la ribera media del Ebro gracias al concurso y sudor de miles de escolares zaragozanos que, por un día, abandonan los pesados libros en sus pupitres y se calzan los guantes para levantar la pesada azada que hunden con furia en la tierra yerma. La otra iniciativa destacable la han realizado nuestros vecinos catalanes. Más concretamente los habitantes de Barcelona y las localidades del Vallés. Con un trabajo ingente han evitado que el dominguerismo militante destruyese lo que otrora fue un camino forestal poco transitado. Atravesando el bosque del Parque Natural de Collserola, a mitad de camino entre Sant Cugat y Cerdanyola del Vallés, un sendero transitaba entre pinos, carrascas y tiempo detenido. Para muchos representaba, en nuestros años de infancia, un mundo de libertad. Allí no mandaban los relojes ni los semáforos. Bajo sus ramas, los pinos centenarios nos protegían de la humedad de la niebla en invierno y del sol inclemente del estiu. Miles de misterios poblaban sus rincones y senderos ocultos. A pocos kilómetros de urbes gigantes el bosque les servía de pulmón sin pedir nada a cambio, pero hace un tiempo recibí noticias que me hacían presagiar lo peor. El hombre, insatisfecho en su asfalto, se decidió a humanizar esa parte del territorio. Destruida la cara Este del Tibidabo por una urbanización secular le llegaba el turno a la virginal ladera Oeste. Para echarse a temblar. La denuncia no puede ser otra. Las escasas hectáreas de bosque autóctono que quedan rodeando a la capital del Ebro están retrocediendo y son conquistadas por la estepa. Paisaje igualmente bello pero ajeno, en contra de lo que habitualmente se piensa, a nuestras características bioclimáticas (recordemos que el vocablo Monegros parece venir de la contracción de Montes Negros, en alusión a la abundancia de sabinas. Pena de mundo). El cambio climático, del que también somos responsables nosotros, no explica totalmente el proceso de deforestación que arrincona nuestros bosques. Las talas masivas del pasado en busca de energía y materiales de construcción para la ciudad esquilmaron los árboles. Los incendios y la despreocupación hicieron el resto. Y de no intervenir de manera acertada y decidida la desaparición de nuestros pinares está asegurada. Zaragoza, ciudad del agua…pero sin árboles. 
Claustro del Monasterio de Sant Cugat.
Parada obligada para el viajero
 Para ilustrar el trabajo de acondicionamiento de nuestros hermanos catalanes en uno de sus pulmones propondré un recorrido asequible para cualquier visitante que se acerque a Barcelona. No todo van a ser compras y sagradas familias. En este caso mi culo inquieto se acompañó del de mi infatigable compañero Chuan. Es mi sobrino y compinche de tantas batallas y cuenta ya once años, unos pocos menos de los que sumaba yo cuando me perdía entre los mismos árboles.
Quietud, piedra y verde. Respiro para el alma
Todo el recorrido se podría hacer en una mañana partiendo de Barcelona. El trayecto completo se liquidaría en una hora y media, pero se propone la visita al museo del Románico del Monasterio de Sant Cugat del Vallés como complemento de la excursión, así como un copioso almuerzo payés en la Masía de Can Borrell como premio al final del camino. En la propia estación de la Plaza de Cataluña nos subiremos al tren de los Ferrocarriles Catalanes que lleva a Sant Cugat donde llegaremos en veinte minutos atravesando las hermosas torres que pueblan Vallvidrera, la Floresta, Valldoreix, etc… Una vez en la estación nos dirigiremos al centro de la localidad donde se erige el Monasterio de Sant Cugat. Románica por origen y vocación y más bien gótica de apariencia, la iglesia recoge el alma del visitante a golpe de grueso muro y oscuridad. Una vez puestos en situación nos dirigiremos al claustro adjunto donde se disponen las dependencias de un digno museo que compendia las bases religiosas, culturales y constructivas del románico. El enorme claustro presenta un resumen de estilos difícil de encontrar en un mismo espacio. Una planta baja románica encierra el patio donde se conservan las huellas de una pequeña ermita visigótica. La planta superior, de un renacimiento muy digno acoge la mayor parte de las salas museísticas.
Pí d´en Xandrí.
Protección y mimo de un árbol emblemático
Con el deber cultural cumplido pasaremos al ecológico. Nos dirigiremos a la cercana Rambla del Celler y nos llegaremos hasta el nuevo mercado de abastos de la localidad. Continuaremos hasta la última rotonda urbanizada (Plaça Rotary) para encontrarnos el camino de la ermita de Sant Medir (Riera de Sant Medir). Dos son los jalones que nos encontraremos en el camino hacia la ermita de obligada parada: el Pí d´en Xandrí y la Masia Can Borrell (http://www.can-borrell.com/cat/index.html). Las fotografías que a continuación ilustran estas líneas hacen innecesario cualquier comentario adicional.

La Masia aparece al final del camino

Obligada reserva, por si acaso

Recibimiento con all i oli

Iniciamos temporada: Calçots

Indispensable pa amb tomàquet

Peus de porc a la brasa

Mongetes amb cansalada


Una morena y una rubia...

Caldo curioso de la zona.
¡Ojo! 15º


El regreso a pie ayuda a realizar una buena digestión, pues tardaremos alrededor de una hora en regrersar hasta la estación que nos devolverá a la Ciudad Condal después de llenar nuestro espíritu de calma romántica, nuestros pulmones de bosque mediterráneo y nuestro estómago de los mejores manjares catalanes.
Escolares adentrándose en la fría niebla.
Con la envidia de ver el buen hacer de los vecinos vuelvo ahora a nuestra Zaragoza para dar testimonio de una buena iniciativa. Como tal desaparecerá a buen seguro por decisión de algún político iluminado. Ya se sabe que la competencia y la responsabilidad son valores perseguidos y censurados por estos lares. Pero mientras dure, eso habremos ganado, unos cuantos miles de árboles nos ayudaran a respirar mejor y a proteger nuestros débiles suelos. Podemos disfrutar de ellos hasta que algún nuevo Plan urbanístico destine el territorio reforestado a alguna urbanización fantasma más (ya tenemos unos cuantos ghetos en el extrarradio para encerrar en ellos a la nueva generación de zaragozanos ávidos de propiedad) sin servicios, sin comunicaciones, sin vida y sin gusto.

Lejos de la pizarra digital también se aprende

Brotes de hoy, cimientos de futuro
Las imágenes que ilustran estas palabras corresponden a la labor que realizaron los alumnos de Primero de ESO de un céntrico IES zaragozano, que instigados por este humilde servidor sufrieron las inclemencias de finales de noviembre. Niebla y frío no detuvieron a una tropa que demostró que sabe hacer algo más que jugar a las maquinitas y hacer botellones. Es unja generación de la que podemos aprender mucho. Se le tacha de desmotivada, de agresiva y de incompetente. No seré yo quien les defienda de tales acusaciones, pues no lo necesitan, pero sí quisiera destacar que se trata de la generación más abierta que ha amamantado este país. Apenas se ven entre ellos las actitudes racistas de las que damos ejemplo los adultos. Son más ecológicos de lo que lo éramos sus predecesores. Dan por supuesta la igualdad de género. No soportan humillaciones ni injusticias. En fin, da para tanto el tema que lo dejaré para un futuro. Aquí traigo su labor, que si no es ejemplar que baje el mandamás y lo vea.
Con la sensación del trabajo bien hecho el grupo regresa a su rutina

2 comentarios:

Cecilia dijo...

¡Menos mal que has regresado con las pilas recargadas, pisando fuerte, sin amedrentarte por las nieblas!. Aunque , a veces, nos dejemos llevar por el derrotismo, está claro que aún hay pequeños pasos que dar y que conducen a algo. Sólo con sembrar un árbol en la tierra y sembrar de nuevas sensaciones esos púberes paladares, estás haciendo más que muchos de esos neohippies con tarjeta. No lo dudo ni un segundo!!!!.
Me encantan, por eso, tus fotos. Tan cercanas. Al igual que tus palabras sobre la juventud que no es que venga: es que está aquí. Éste es su tiempo. Ya.
En Collserolla he pasado muy buenos momentos y los calçots...¡deseando estoy de que vengan ya los tiempos de hincarles el diente!.

J.L. Pueyo dijo...

Hace poco estuve paseando con Basilio por los pinares de Peñaflor. ¡Una delicia refugiarse en su abrazo cálido en un día de viento! Por eso me parece especialmente loable la iniciativa de replantar con más pinos esos áridos terrenos. Un abrazo, David. Me alegro de que vuelvas a sorprendernos con tus nuevas entradas en el blog. JL Pueyo